(Roma, Italia). El 20 de octubre de 2019 se celebra en todo el mundo la jornada misionera, que este año tiene una connotación extraordinaria por el adjetivo mismo con que el Papa Francisco ha querido resaltar este mes misionero. El tema del mismo es: “Bautizados e invitados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo” –  para conmemorar el centenario de la promulgación de la Carta apostólica Maximum illud del Papa Benedicto XV  y por el Sínodo sobre la Amazonia del cual estamos percibiendo el fervor y el dinamismo de los “trabajos en curso”.

Numerosos son los periodistas, los sitios web y las redes sociales que se han movilizado para narrar este evento eclesial, un evento no tan dotado de datos y de documentos como de rostros, voces y testimonios vivos que cuentan en directo las situaciones concretas que las poblaciones indígenas viven en su piel. El Cardenal Claudio Hummes, Presidente de la REPAM – Red Eclesial Panamazónica, antes del Sínodo había expresado este deseo diciendo: “Los puebles, especialmente los pueblos indígenas, y las comunidades amazónicas son protagonistas de la propia historia. Por esto, deberían ser también sujetos de su propia voz dentro del Sínodo. Para asegurarnos de que podemos mirar hacia el horizonte de su futuro, en términos políticos, económicos, culturales, sociales y religiosos”. Y así, en estos días el Vaticano se ha coloreado con los adornos típicos de los hombres y mujeres agradecidos al Papa Francisco por su atención de padre a su tierra, que han hecho todo este camino – como uno de ellos ha dicho participando en una conferencia con los periodistas – “no para pedir compasión, sino ayuda concreta en la defensa de estos territorios que son nuestra casa común”. Territorios que las poblaciones indígenas desde siempre tratan de cuidar, a pesar de las violencias y la opresión de quienes intentan apropiarse de ellos con avidez.  Almas que piden ser escuchadas por el bien del planeta y de la humanidad  entera: son los representantes de 390 etnias que precisamente estos días han sido recibidos por el Papa Francisco en el Vaticano a quien han llevado “el grito de la Amazonia”· y del mundo entero.

Un grito que pide el compromiso de todos, como ha expresado el Papa en el Mensaje de esta Jornada: “La providencial coincidencia con la celebración del Sínodo Especial sobre las Iglesias en la Amazonia me lleva a subrayar que la misión que nos ha confiado Jesús con el don de su Espíritu es aún actual y necesaria también para aquellas tierras y para sus habitantes. Un renovado Pentecostés abre las puertas de la Iglesia para que ninguna cultura permanezca cerrada en sí misma y ningún pueblo esté aislado sino abierto a la comunión universal de la fe. Nadie permanezca cerrado en el propio yo, ni en la autorreferencialidad de la propia pertenencia étnica y religiosa.”

Un grito que nos toca a todos nosotros, en cuanto enviados, en virtud del bautismo, y pertenecientes a la misma Iglesia. Madre Yvonne, en su última circular n.990 pide vivir el mes misionero con esta actitud:“Cómo no sentirnos tocados profundamente por esta llamada fundamental y comprometedora que implica a la Iglesia y en ella a la Familia salesiana? Advertimos de la necesidad de un nuevo entusiasmo que abra el corazón y la mente a una verdadera conversión misionera. El Instituto ha nacido misionero y el carisma salesiano ha sido suscitado por el Espíritu Santo para difundirse y, por tanto, destinado a expandirse hasta los límites del mundo, superando barreras de culturas, lenguas, nacionalidades y confesiones religiosas”.

Como Familia Salesiana, nuestro compromiso debe ser el de tener viva la memoria y presentar a los jóvenes como ejemplo los muchos testimonios misioneros de quienes han sabido hacerse cercanos a las poblaciones indígenas compartiendo sus gozos y sus sufrimientos – como la Beata Maria Troncatti, apóstol entre los indígenas shuar del Ecuador – pero también de sacar a la luz el trabajo de tantas Hijas de María Auxiliadora  y Salesianos que viven en el día a día el anuncio del Evangelio y el apoyo a las poblaciones locales, como servicio de toda la Iglesia, porque como recuerda el Papa Francisco: “Nuestra pertenencia filial a Dios no es nunca un acto individual sino siempre eclesial: de la comunión con Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo, nace una vida nueva junto a tantos otros hermanos y hermanas. Y esta vida divina no es un producto para vender – nosotros no hacemos proselitismo – sino una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar: he aquí el sentido de la misión.”

Para profundizar

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