Roma (Italia). El 13 de mayo de 2025, en la solemnidad litúrgica de Santa María Domenica Mazzarello, Cofundadora del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, la Casa Generalicia de Roma tuvo la alegría de recibir a don Fabio Attard, Rector Mayor de la Congregación Salesiana, 11º sucesor de Don Bosco y centro de unidad de la Familia Salesiana.

La Celebración Eucarística, presidida por el Rector Mayor y concelebrada por su Secretario, don Thathireddy Vijayabhaskar, contó con la presencia, junto a algunas Consejeras Generales y las FMA de la Comunidad María Auxiliadora (RCG), de la Presidenta de la Confedereción mundial de las Exalumnas/os Mornese de las FMA, María Carmen Castillón, de la Comunidad  de San Blas de Subiaco, de la Inspectoría San Juan Bosco (IRO), y algunos familiares de las FMA.

«En nombre de la Madre, de las demás Consejeras generales, presentes o en otros lugares del mundo, pero espiritualmente unidas a nosotras, en nombre de todas, expreso mi gratitud por haber querido presidir la Eucaristía en la solemnidad litúrgica de santa María Domenica Mazzarello, nuestra Cofundadora, la primera que vives como Rectora Mayor. ¡Estamos muy contentas!

Nosotras, que estamos aquí en Casa Generalicia, representamos, de alguna manera, a todas las Hijas de María Auxiliadora del mundo: junto a ellas reconocemos en ti a Don Bosco entre nosotros, a ese Padre que quiso que fuéramos un «monumento vivo de gratitud a la Auxiliadora de los cristianos». Encontrarnos juntos, hoy, en torno a la Eucaristía, en Jesús, es una oportunidad para fortalecer los lazos que nos unen en una comunión que nos hace testigos creíbles y anunciadores de Cristo a los jóvenes». Estas son las palabras con las que la Vicaria General, Sor María del Rosario García Ribas, dio la bienvenida al Rector Mayor, expresando alegría y gratitud por su presencia.

En su hermosa homilía, el padre Fabio, deteniéndose en la imagen evangélica de la vid y los sarmientos (Jn 15, 1-10), subrayó la centralidad absoluta de Cristo, la Vid, «fuente única de savia vital, del amor que anima y del amor que sostiene», la necesidad de «permanecer» en Él, como una «opción activa y cotidiana», a través de «La fidelidad a los votos, a la vida fraterna, a la oración personal y comunitaria, incluso cuando el panorama exterior o interior parece árido».

Y de nuevo, habló de la fecundidad como don y resultado de la unión, no como una obsesión por el rendimiento, en el que la preocupación principal debe ser, más que el «resultado», la propia adhesión a Cristo. La imagen de la vid y los sarmientos prosiguió don Fabio, «no es idílica. También contempla la poda, la necesaria depuración llevada a cabo por el Padre Viñador». Además, incluso frente a los desafíos del individualismo y las tensiones internas, esta imagen también tiene «un fuerte valor comunitario. Los sarmientos no están aislados, sino que están todos injertados en la única Vid», con la «seria advertencia», contenida en el pasaje de Juan, de que «el sarmiento que no permanece unido a la vid se seca, se corta y se tira».

¿Cómo refleja la experiencia de Santa María Domenica Mazzarello la metáfora de la vid y los sarmientos?

El Rector Mayor respondió a esta pregunta recorriendo la experiencia espiritual y humana de Madre Mazzarello, a la que vio como «una encarnación concreta y luminosa de esta imagen», en primer lugar en su profundo arraigo en Cristo (la Vid), en su «permanencia», que «no se expresaba en experiencias místicas extraordinarias (aunque no faltaban intuiciones profundas), sino en la fidelidad constante y humilde al deber cotidiano, en la oración sencilla y perseverante, en el trabajo vivido como servicio y santificación (alegría, trabajo y oración)».

El fruto más evidente de su unión con Cristo, señaló don Fabio, es la fundación del Instituto FMA, junto con Don Bosco, no «su proyecto personal, sino la acogida de una llamada divina (‘A ti te las confío’)».

Retomando la metáfora, subrayó que «la vida de Madre Mazzarello no estuvo exenta de podas», como la enfermedad tifoidea y las dificultades iniciales del Instituto, que «purificaba las intenciones y fortalecía el abandono en Dios».

Otra característica vivida e intensamente promovida por Madre Mazzarello es «el ‘espíritu de familia’, que es la traducción concreta del mandamiento de Jesús: ‘Amaos los unos a los otros como yo os he amado’. Su maternidad espiritual hacia las hermanas y las niñas, su capacidad de crear comunión, de animar, de corregir con dulzura y firmeza, eran la expresión de la caridad de Cristo que circulaba en ella y que deseaba ardientemente ver circular en la comunidad».

Por último, no podía faltar la alegría, como «fruto maduro», para lo cual «su famosa exhortación a la alegría -‘¡Sed felices!’, ‘Hagámonos santas estando siempre alegres’- no era superficial, sino la manifestación de la alegría profunda que proviene de sabernos unidos a Cristo, amados por Él e instrumentos de su amor. Era el gozo prometido por Jesús a los que permanecen en Él. Esta alegría fue contagiosa y se convirtió en un método educativo».

En resumen, concluyó el Rector Mayor, «la vida de Santa María Domenica Mazzarello es una espléndida ilustración viva de Juan 15. (…) Su experiencia anima a toda mujer consagrada a vivir esta misma dinámica evangélica en la concreción de su propia historia».

La fiesta de la celebración eucarística, acompañada de varios cantos a Madre Mazzarello, continuó con un pequeño momento de convivencia en el comedor, donde las hermanas, en signo de gratitud y como expresión de la multiculturalidad típica de esta Comunidad, ofrecieron el canto Es tiempo de reavivar el fuego, el himno oficial que acompaña el Trienio en preparación al 150° aniversario de la primera expedición misionera de las FMA (14 de noviembre de 1877), basado precisamente en las palabras de la Santa: «¡Ahora es el momento de reavivar el fuego!» (L 27).

Texto completo de la homilía

Foto: Flickr FMA

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