Saltillo (México). Del 11 al 24 de julio de 2025, en Saltillo, en la Casa hogar Aldea Infantil Pepita de Valle Arizpe, de la Inspectoría Mater Ecclesiae (MMO), se llevó a cabo el Campo Formativo VIDES 2025 para un grupo de jóvenes de diferentes estados de México: Oaxaca, Nuevo León, Jalisco, Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas, Sonora y Chihuahua.

Guiados por el lema «Juntos para transformar… Manos, mente y corazón», los jóvenes vivieron momentos de formación integral con espacios para la oración, temas formativos, dinámicas de grupo, servicio y convivencia.

La coordinación y el acompañamiento general estuvieron a cargo de sor Karla Marrón, sor Josefina Portillo y sor Dinora Martínez, quienes, con su dedicación y alegría, fueron «faros» que iluminaron el camino de cada uno.

Durante las jornadas, se vivieron momentos de gran riqueza espiritual y formativa. Una de las contribuciones más significativas fue el taller «QPR» (Question, Persuade, Refer) sobre «Prevención del suicidio» y el taller «AVI» que abordó la «Prevención de la violencia, el maltrato y el abuso sexual infantil». Estos talleres fueron impartidos por la organización «Educando en Red», cuyos representantes y formadores transmitieron un fuerte compromiso ético.

También se profundizaron en temas y talleres fundamentales como Espiritualidad Salesiana, Oración, Doctrina Social de la Iglesia y Desarrollo humano, a cargo de ponentes que enriquecieron la experiencia con su testimonio, entre ellos sor Cristina Puntos, sor Gabriela Fernández, sor Leonor Salazar y el P. Luis Francisco Aldrete, SDB.

La parte formativa se complementó con dinámicas, momentos de reflexión y celebraciones litúrgicas —incluyendo la Celebración Eucarística y la oportunidad del Sacramento de la Reconciliación—, permitiendo a cada joven reencontrarse consigo mismo, con los demás y con Dios.

Otro gran regalo fue la experiencia del apostolado con las niñas de la Aldea Infantil, que fueron el rostro concreto del amor de Dios. Con ellas no solo se compartió tiempo, sino también juegos, aprendizaje y fe. El apostolado consistió en ofrecerles talleres de arte (manualidades, teatro) y deporte (fútbol y voleibol), poniendo al servicio los propios talentos y habilidades.

Cada día se compartían momentos de juego y animación y se ofrecía un mensaje de «buenas tardes» centrado en los valores de la convivencia, seguido de los talleres, organizados para que cada niña pudiera participar en una actividad artística y una deportiva. Al final del día, se realizaba una oración para agradecer lo vivido.

Desde el principio, cada participante recibió el nombre de una niña para acompañar con la oración durante toda la experiencia, creando así un vínculo especial. Fue en esta interacción que muchos descubrieron que el servicio transforma tanto a quien lo ofrece como a quien lo recibe.

Un día fue dedicado al senderismo con las niñas y sus «padrinos espirituales». La naturaleza se convirtió en un escenario de fraternidad, alegría y contemplación. Esta excursión fortaleció los lazos comunitarios y regaló a todos momentos de profunda felicidad.

Otra experiencia significativa fue la visita a la Casa Santa María de Nazaret, la comunidad de las hermanas ancianas y enfermas, con las que se compartió la Eucaristía y un momento de fraternidad, escuchando sus testimonios vocacionales, de fidelidad y dedicación a Dios. En el mismo espacio se llevó a cabo la «Expo Voluntariado», donde las jóvenes pudieron conocer diversas oportunidades a través de presentaciones y testimonios de otros voluntarios, para ampliar su visión y comenzar un discernimiento personal más profundo.

A la mitad del Campo Formativo, se celebró el Retiro Vocacional: un espacio de silencio, escucha y discernimiento. Inspirados en el Salmo 27, cada participante fue invitado a preguntarse con sinceridad: «¿Señor, qué quieres de mí?». Con la ayuda de herramientas como el vision board, el Proyecto de vida y la oración ante Jesús Eucaristía, los jóvenes pudieron escribir su carta de petición con la opción que resonaba en su corazón: realizar un voluntariado, integrarse a la formación VIDES, continuar el acompañamiento espiritual o iniciar el Periodo de Prueba y Orientación (PVO).

Al finalizar el Campo, la Fiesta de la Gratitud se vivió con emoción, entusiasmo y mucha alegría. El «broche de oro» de esta experiencia transformadora fue la Misa de envío, con el acompañamiento de sor Socorro Hernández, la Inspectora MMO. Cada uno se llevó consigo mucho más de lo que esperaba: nuevas amistades, mayor claridad vocacional, la alegría del servicio y, sobre todo, la certeza de que Dios sigue llamando y enviando.

El paso de Dios en la vida de los participantes se hizo tangible con frutos concretos. De esta experiencia surgieron: dos aspirantes a la vida consagrada en el Instituto de las FMA; tres voluntarias nacionales; seis voluntarias locales; cuatro jóvenes que renovaron su presencia en el Consejo VIDES y cuatro jóvenes que se integraron al Consejo.

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