Roma (Italia). El 18 de abril de 2026 se celebra el 157° aniversario de la ADMA, la Asociación de Devotos de María Auxiliadora fundada por Don Bosco para promover la veneración al Santísimo Sacramento y la devoción a María Auxilio de los Cristianos, y erigida canónicamente en el Santuario de María Auxiliadora de Turín, el 18 de abril de 1869, por el Beato Pío IX.

“Celebrar hoy, 18 de abril de 2026, significa mirar aquella semilla plantada por Don Bosco hace ciento cincuenta y siete años, con la gratitud de quien sabe que aquella intuición no ha perdido nada de su originalidad y actualidad”, escribe en una Carta dirigida a los miembros de la ADMA el Presidente, Giuseppe Tufano.

Prosigue, después, evocando el nacimiento de la Asociación:

“Para reencontrar nuestros orígenes volvemos de nuevo a Turín, en 1868. Don Bosco acaba de concluir la empresa extraordinaria de la construcción del Santuario de Valdocco. Aquella ‘estupenda y alta iglesia’, como él mismo la describía, había nacido sin dinero, pero con una lluvia de gracias: ‘Es María quien se ha construido su casa’, repetía incansablemente. Sin embargo, Don Bosco sabía bien que María no quería quedarse encerrada en un, aunque espléndido, templo de piedra. Ella quería habitar en el corazón del pueblo, entre las fatigas de las familias y las esperanzas de los jóvenes.

Es así como el 18 de abril de 1869, apenas un año después de la consagración de la Basílica, Don Bosco firma el acta de nacimiento de la Asociación de los Devotos de María Auxiliadora. Era su modo de cultivar la devoción de la gente común, para transformar el entusiasmo de una fiesta en un camino constante de fe.

Pero, ¿por qué Don Bosco sintió la necesidad de fundar precisamente la ADMA? La respuesta está en su corazón de pastor. Él veía los peligros que amenazaban la fe en una época de grandes cambios y sentía la urgencia de proteger a los pequeños y a los sencillos. Quiso la ADMA para que estuviéramos unidos: unidos en la oración, unidos en el amor por las dos columnas de su sueño, Jesús Eucaristía y María Auxiliadora. ¡Y qué actuales son estas consideraciones si nos detenemos a pensar en lo que sucede a nuestro alrededor y en tantas partes del mundo!

Ser socios de la ADMA, para Don Bosco, significa comprometerse a imitar a María en la disponibilidad a Dios y en el servicio a los hermanos, especialmente a los jóvenes más pobres y abandonados. La Asociación tiene la tarea de irradiar luz donde hay oscuridad, ofreciendo a todos un ‘itinerario de santificación’ accesible y gozoso.

Mirando la realidad que somos hoy, no podemos sino quedar asombrados. Aquel pequeño grupo nacido en Turín se ha convertido en un árbol majestuoso que abraza los cinco continentes, con 800 grupos locales en más de 50 países. Dondequiera que lata un corazón salesiano, allí hay un grupo ADMA que ora y trabaja. La vitalidad que hemos respirado en los Congresos Internacionales de los últimos años es la prueba de que María continúa obrando milagros”.

El Presidente concluye con un llamado:

“El futuro de la ADMA está en las manos de cada uno de nosotros y de cada grupo. Estamos llamados, hoy más que nunca, a ser custodios de la familia y atentos a la relación entre generaciones con los más jóvenes. En un mundo a menudo fragmentado, la ADMA debe ser un lugar de acogida, donde cada uno pueda encontrar apoyo y pueda crecer sintiéndose amado por una Madre celestial que nunca traiciona.

En este 157° aniversario de la ADMA, recordemos las palabras de nuestro carisma que nos impulsa a testimoniar el don de la fe en la vida de todos los días, en familia, en el trabajo, en las relaciones sociales”.

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