Torre Annunziata (Italia). Del 19 al 22 de febrero de 2026, en Villa Tiberiade en Torre Annunziata (NA), de la Inspectoría Madonna del Buon Consiglio (IRO), se celebró el encuentro nacional de las P.R.I.M.E. —Para Remotivar la Misión Educativa—, una cita que reúne cada año a las Hijas de María Auxiliadora de entre siete y diez años de Profesión religiosa de toda Italia. Se trata de un tiempo precioso, pensado como parada y relanzamiento, entretejido de escucha de la Palabra, relectura del voto de pobreza y comunicación fraterna.
El título elegido —«La harina de la jarra no faltó…» (1Re 17,1-16)— acompañó todo el recorrido como una promesa silenciosa pero tenaz: cuando uno se confía, cuando se comparte lo poco que se tiene, el Señor no deja que falte lo necesario. No siempre la abundancia, pero sí la fidelidad.
Entre los momentos particularmente intensos, la lectio divina dirigida por don Marco Napolitano abrió espacios interiores profundos. El pasaje de la viuda de Sarepta interpeló personalmente a cada una: ¿qué “pan” se está llamada a entregar? ¿Qué pobreza elegir, habitar, testimoniar hoy, en una realidad compleja y atravesada por tantas fragilidades? En el silencio y en la oración personal, la Palabra trabajó con discreción, haciendo emerger preguntas, resistencias, deseos.
Si la Palabra tocó el corazón, los momentos de intercambio libre entre hermanas lo hicieron vibrar. Es allí donde el encuentro se hizo hogar. Contarse sin defensas, nombrar las fatigas de la vida consagrada, compartir las alegrías sencillas de la misión, reconocer las propias vulnerabilidades sin temor: todo esto generó una comunión auténtica. No fue un debate teórico sobre la pobreza, sino un intercambio de vida verdadera.
Los testimonios, los talleres, la visita al Rione Sanità de Nápoles, con la experiencia de las cooperativas nacidas del carisma profético de don Antonio Loffredo —conocido por el compromiso pastoral, social y cultural que ha dedicado a este barrio— ofrecieron una mirada concreta sobre una pobreza que se convierte en rescate, dignidad, creatividad evangélica. También la ciudad de Nápoles, con sus luces y sus contradicciones, se convirtió en una página viva para leer a la luz del Evangelio.
La Eucaristía diaria, la adoración, los momentos marianos y la fraternidad nocturna dieron ritmo a jornadas intensas pero armoniosas, donde estudio, oración y relación se entrelazaron de forma natural.
Las jóvenes FMA han regresado a sus propias Comunidades con el corazón lleno de gratitud y con una renovada conciencia: la pobreza evangélica no es una resta estéril, sino un espacio que permite a Dios actuar; no es falta, sino confianza; no es cierre, sino libertad.
Fuente: FmaIRO



















