Roma (Italia). El 4 de diciembre de 2025 se cumplen los 100 años de la llegada de Santa María Troncatti (1883 – 1969) a Macas, en Ecuador, fecha que marca el inicio de su misión en la selva amazónica, a la que ella llamó la “patria de su corazón”.
Este evento también está ligado a la presencia de la Inmaculada: precisamente en esos días la imagen de la “Virgen Purísima de Macas” fue devuelta después de su destrucción en un incendio en 1891.
La expedición misionera de la que forma parte sor María está compuesta por cinco Salesianos de Don Bosco, entre ellos monseñor Domenico Comin, que en 1920 era Vicario apostólico de Méndez y Gualaquiza, tres HMA (una todavía novicia), la Inspectora con una HMA que la acompaña y 12 ayudantes.
El 26 de octubre de 1925 parten de Chunchi en un pequeño tren y luego a pie hasta Méndez, sede del Vicariato, donde se ven obligados a detenerse. La propia sor María, en una carta a sus padres del 27 de diciembre de 1925, relata ese viaje que marca el inicio de su misión de “madrecita”:
“Salí de Chunchi el 27 de octubre: dos largos días a caballo para llegar a Cuenca; el caballo me maltrató bastante por los infames caminos que hay, en ciertos puntos el caballo se entierra casi por completo, por lo que no tenía una fibra de mi cuerpo que no me doliera… Tuvimos que quitarnos el hábito de monja, ponernos un delantal grande porque el hábito de lana seguramente se habría quedado colgado en los árboles.
Caminamos todo el día y finalmente llegamos al Río Negro, un enorme río. Allí nos habían preparado un toldo: muertas de cansancio nos echamos en el suelo dos minutos para tomar un poco de aliento; un muchacho encendía el fuego, preparando algo caliente, es decir, un poco de caldo. La noche la pasamos sin dormir, un poco por el cansancio y por el gran miedo a las serpientes; la noche era, sin embargo, un encanto al contemplar las estrellas cuando el cielo estaba sereno y en el silencio de la selva solo se escuchaba la voz de algún pájaro. Mi pensamiento volaba hacia mis queridos padres, a mi hermosa casa natal, quizás mis amados padres pensarán en su María [decía para mí]. ¡Señor, todo por ti! Los sacrificios son inmensos, dame la fuerza”.
Además de la dificultad de recorrer zonas inaccesibles a caballo, la comitiva debe afrontar fatigas y peligros de todo tipo, pero sobre todo se enfrenta por primera vez a los Shuar. Una hija adolescente de uno de sus líderes, durante un tiroteo entre familias en disputa, es alcanzada por una bala. Después de cuatro días, la bala sigue incrustada en el estómago: los chamanes no habían podido hacer nada. Los líderes Shuar, al enterarse de que entre los miembros de la expedición había una ‘doctora’, detienen la expedición y amenazan a Sor María: “Si la curas, te honraremos, pero si muere, te mataremos”. Con un gesto significativo, da a entender que la misma suerte correrán los demás miembros de la expedición.
Mons. Domenico Comin la anima: “Opérala”. Pero sor María objeta: “¿Con qué instrumentos?” La Inspectora, Madre Carolina Mioletti, insiste: “Todos rezaremos, mientras tú operas”. La muchacha, mientras tanto, está observando. Sor María se fija en la mirada de la joven y se arma de valor: usa lo poco que tiene, pero sobre todo toda su fe. Mientras algunos de los misioneros van a rezar, otros la ayudan.
En presencia de toda la tribu que observa lo que hace, Sor María, pronunciando “Maria Auxilium Christianorum” (María Auxilio de los Cristianos), incide con decisión y la bala sale disparada como impulsada desde el interior, con gran satisfacción de todos. Sor María se gana así la estima de los Shuar, que la considerarán “la bruja más bruja de todas las brujas”.
El 1 de diciembre la expedición de los misioneros retoma el camino. Después de cuatro días, llegan a Arapicos, donde una comisión sale a recibirlos junto con la reproducción de la “Virgen Purísima de Macas”, llegada en una de las cajas transportadas a hombros por los cargadores.
El último día del viaje a Macas comienza con la Santa Misa. La imagen de la Inmaculada Concepción es colocada en un pequeño altar. Al finalizar la Santa Misa, se lee el texto del sexto día de la novena a la Inmaculada, se reza el Ave María y la procesión se reanuda con la imagen de la Santísima Virgen a la cabeza.
Se bordea el río Upano y se llega a la confluencia con el Jurumbaino, donde se debe pasar por un puente hecho de lianas y troncos, un verdadero peligro. Aplausos y profunda emoción acogen la imagen de la Inmaculada Concepción: algunos lloran, todos se arrodillan.
Cuando Sor María se despierta, la mañana del 5 de diciembre, escucha el canto: “Despertad vuestros corazones para alabar a María”. Es el Rosario de la aurora, al que se unen todas las hermanas: costumbre recuperada en Macas por la maestra Mercedes Navarrete.
La fiesta de la Inmaculada Concepción de 1925 es memorable, el cuadro está decorado con sedas blancas y azules, pero la sorpresa más grande es la de encontrar organizada la Asociación de las Hijas de María, un mérito absoluto de la señorita Mercedes Navarrete.
La confianza en María Inmaculada y Auxiliadora, el compartir la misión con los Salesianos y la relación de confianza recíproca, la fe valiente e intrépida, la dedicación maternal e incansable de Sor María, caracterizarán siempre los 44 años que vivió en la selva.



















Dios camina en l as selvas de nuestra historia actual. Manifieste a través de tantos misioneras y misioneros, su amor de padre y regale la paz.