Roma (Italia). El 29 de septiembre de 2025, la Sala de Prensa Vaticana ha dado a conocer el tema elegido por el Papa León XIV para la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (JMSC) que se celebrará el 17 de mayo de 2026, Solemnidad de la Ascensión del Señor:
Custodiar voces y rostros humanos
El tema del Mensaje —que se leerá en su totalidad el 24 de enero de 2026, en la memoria de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y comunicadores— se contextualiza en el escenario actual, caracterizado por un gran impacto de la tecnología que «influye en las interacciones de un modo nunca antes conocido, desde los algoritmos que seleccionan los contenidos en los feeds de noticias hasta la inteligencia artificial que redacta textos y conversaciones enteras».
En el Comunicado del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede se destaca que, aunque estas herramientas ofrecen al género humano «posibilidades impensables hace solo unos años», sin embargo, «no pueden sustituir las capacidades únicamente humanas de empatía, ética y responsabilidad moral».
Del mismo modo, el acto comunicativo no es reducible a un «esquema de datos», sino que requiere «juicio humano». Y esto conlleva un desafío:
«El desafío es garantizar que sea la humanidad la que siga siendo el agente guía. El futuro de la comunicación debe asegurar que las máquinas sean instrumentos al servicio y la conexión de la vida humana, y no fuerzas que erosionan la voz humana».
Frente a las grandes oportunidades ofrecidas por el empleo de las tecnologías, el comunicado advierte de los riesgos «reales» de la inteligencia artificial, cuyos efectos concretos —como la manipulación de fotografías, videos y voces— ya están a la orden del día:
La inteligencia artificial puede generar contenidos atractivos pero engañosos, manipuladores y dañinos, replicar prejuicios y estereotipos presentes en los datos de entrenamiento y amplificar la desinformación simulando voces y rostros humanos. También puede invadir la privacidad y la intimidad de las personas sin su consentimiento.
El aspecto que quizás cause más preocupación, sobre todo respecto a las nuevas generaciones, está sin embargo ligado a la dependencia de estas herramientas, ciertamente atractivas por interfaces y contenidos innovadores, pero que por contrapartida corren el riesgo de inhibir el pensamiento crítico y la creatividad, además de alimentar peligrosas derivas sociales:
Una excesiva dependencia de la IA debilita el pensamiento crítico y las capacidades creativas, mientras que el control monopolístico de estos sistemas suscita preocupaciones sobre la centralización del poder y las desigualdades.
El advenimiento, tan repentino e integrado en la vida cotidiana, de la Inteligencia Artificial, plantea una urgencia educativa cada vez más irrenunciable y no aplazable, sobre todo en el ámbito católico, para adquirir las competencias necesarias para acompañar a los jóvenes a convertirse en expertos navegantes no solo de la red, sino también y sobre todo de la vida, sin perder la característica ontológica de lo humano:
Es cada vez más urgente introducir en los sistemas educativos la alfabetización mediática, a la que se añade también la alfabetización en el campo de la IA (MAIL, es decir, Media and Artificial Intelligence Literacy). Como católicos podemos y debemos dar nuestra contribución, para que las personas –sobre todo los jóvenes– adquieran la capacidad de pensamiento crítico y crezcan en la libertad del espíritu.
El Papa León XIV, desde el inicio de su Pontificado, se ha mostrado atento al tema de la Inteligencia Artificial y a sus desarrollos, en línea con la misma preocupación de su predecesor el Papa Francisco de cultivar una «sabiduría del corazón» que no puede ser igualada por las máquinas y una inteligencia artificial que permanezca al servicio de lo humano, sin sustituirlo.
“La inteligencia artificial, especialmente la generativa, ha abierto nuevos horizontes en muchos niveles diferentes, entre ellos la mejora de la investigación en el ámbito sanitario y los descubrimientos científicos, pero también plantea preguntas preocupantes sobre sus posibles repercusiones en la apertura de la humanidad a la verdad y la belleza, en nuestra capacidad particular de comprender y elaborar la realidad. Reconocer y respetar lo que caracteriza de manera única al ser humano es esencial para el debate sobre cualquier marco ético adecuado para la gestión de la inteligencia artificial” (Mensaje Del Santo Padre León XIV a los Participantes en la Segunda Conferencia Anual sobre Inteligencia Artificial, Ética y Gobernanza Empresarial).


















