París (Francia). Del 28 de diciembre al 1 de enero de 2026, como cada año desde 1978, se celebró la «Peregrinación de confianza sobre la tierra» organizada por la Comunidad ecuménica de Taizé. 15.000 jóvenes procedentes de toda Europa se reunieron así en París para celebrar el paso al nuevo año y vivir el 48° encuentro europeo de Taizé.

Las parroquias de la capital y de Île-de-France se movilizaron para acoger a todos estos jóvenes, y también las parroquias salesianas de París y Argenteuil abrieron sus puertas. Así, 80 jóvenes fueron acogidos por las familias de la parroquia San Juan Bosco y 68 en Argenteuil. Diversos jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano (MJS) llegaron a la capital para reforzar el coro o para ayudar en la logística, con el fin de acoger a todos de la mejor manera.

En París, en la sede de la Inspectoría Notre-Dame des Nations (FRB), las Hijas de María Auxiliadora acogieron a 13 jóvenes: cuatro de Eslovenia, seis de Ucrania que actualmente viven en Alemania, uno de Portugal y dos jóvenes del MJS de Francia. El tiempo pasado juntos por la tarde o por la mañana permitió a las FMA conocer mejor y descubrir las realidades que viven los jóvenes de otros países.

Polonia, Ucrania, Noruega, Portugal, Italia, Alemania… ¡Eran tantas las nacionalidades representadas! Para entenderse, el inglés era muy útil, pero cuando se trataba de cantar, el don de lenguas parecía manifestarse en cada uno, descubriendo la capacidad de alternar entre «V tebi je izvir življenja» (esloveno), “Behüte mich, Gott” (alemán) o “Bóg jest miłością” (polaco). Y el silencio prolongado durante los tres momentos de oración cotidianos permitía a la Palabra de Dios difundirse en los corazones.

También la diversidad de los lugares de oración permitió una experiencia fuerte: por la mañana la oración se desarrollaba en la parroquia, en un clima más familiar. Al mediodía se trasladaban a las grandes iglesias de París, convirtiéndose en signo y portadores de paz para los turistas y los parisinos. Y el estar reunidos para la oración vespertina en el Accor Arena de Bercy fue un fuerte signo de unidad para todos.

La noche entre el 31 de diciembre y el primero de enero, una oración por la paz propuesta en las diversas parroquias fue la ocasión para extender al mundo esta fuerte experiencia de unidad, sencillez y fraternidad.

Algunos testimonios de los jóvenes:

“Nuestra experiencia del encuentro de Taizé y con los Salesianos ha sido realmente maravillosa. La Familia Salesiana nos acogió como si ya fuéramos parte de su familia. Han sido cordiales, abiertos y atentos en cada circunstancia, y encarnan verdaderamente el sentido de una comunidad acogedora e inclusiva”. (Ana, Noruega)

“El evento de Taizé realmente me ha abierto los ojos. Durante el tiempo pasado en París, descubrí nuevas perspectivas sobre el cristianismo, representadas por diversas naciones y culturas. Las oraciones multilingües y los encuentros en los grupos de intercambio me permitieron profundizar en mi comprensión de la fe, mostrándome diversos puntos de vista sobre algunos temas. También me permitieron entablar amistades con personas procedentes de otras regiones de Europa. Aún más importante, he aprendido que la única vía hacia la unidad pasa a través de la aceptación de la diversidad”. (Joachim, Polonia)

“Tres amigas mías y yo decidimos participar en el Encuentro Europeo de Taizé en París. Fue la primera vez para todas nosotras y estamos muy contentas de haber ido. Toda la experiencia fue única y cada día nos trajo algo nuevo. Entre los momentos destacados, guardaremos en nuestra memoria las oraciones compartidas en diversas iglesias, así como en nuestra parroquia, donde pudimos conocer a personas procedentes de diversos países. También celebramos el Año Nuevo en nuestra parroquia, esperando la llegada del nuevo año en oración y en el silencio con Jesús. Estamos muy agradecidas por esta experiencia y sobre todo por la hospitalidad de la parroquia y de todos sus miembros, incluidas las hermanas que nos acogieron en su casa con la sonrisa y conversaciones enriquecedoras”. (Zala, Eslovenia)

“Para mi primer encuentro europeo de Taizé, París, la ciudad donde estudié, fue la ocasión perfecta para participar. Viví la acogida de unos 80 jóvenes procedentes de 13 países en mi parroquia de adopción, San Juan Bosco. Participé en la animación de los momentos de oración matutinos, tratando de cantar de la manera más correcta posible los cantos de Taizé. Además de este servicio, pude participar en los momentos de intercambio en fraternidad y en los talleres. El encuentro fue a varios niveles: entre jóvenes de diversos países, pero también entre cristianos de diversas Iglesias. ¡Una ocasión rara para vivir el ecumenismo a gran escala! Entre risas y reflexiones, entre oración y puesta en común, entre momentos en pequeños grupos y encuentros de 15.000 personas en Bercy, encontré un verdadero equilibrio en estos cuatro días. Me trajeron serenidad, pero también gran alegría. Salgo con numerosas perspectivas de compromiso, gracias al encuentro con muchas asociaciones cuya acción tiene un gran significado para mí, y con el renovado deseo de ser una joven creyente, activa en el mundo y sostenida por su fe. ¡Gracias a todos los organizadores, nos dan fuerza!”. (Théa, Francia)

«Mis amigos y yo fuimos acogidos por la parroquia San Juan Bosco. Recibimos una hospitalidad increíble y conocimos a personas muy amables y admirables. Derribamos las barreras culturales que nos separan para crear un grupo heterogéneo, pero unido. Desde un punto de vista espiritual, Taizé nos abrió las puertas a un modo diferente de vivir la religión, muy introspectivo. El intercambio en pequeños grupos de reflexión nos permitió descubrir muchos puntos de vista y enfoques de la religión, muy estimulante. ¡Esperamos volver a ver en Łódź a las personas que hemos conocido este año!» (Silvia, Italia)

«Durante el Encuentro Europeo de Taizé en París, fui acogida por la comunidad de las Salesianas, que me hospedaron en su propia casa. Desde el primer momento me sentí acogida con gran sencillez y calidez. A través de pequeños gestos cotidianos, como las comidas compartidas, el diálogo y la disponibilidad para la escucha, pude experimentar una forma concreta de Evangelio vivido. Esta experiencia de hospitalidad no ha sido solo un apoyo práctico, sino también un signo profundo de comunión, capaz de superar diferencias de lengua, cultura y procedencia. En un contexto europeo a menudo marcado por la distancia y el individualismo, la experiencia de Taizé recuerda que el encuentro con el otro es posible y necesario. La hospitalidad se convierte así en un testimonio vivo de esperanza, capaz de construir puentes y de renovar la confianza en una Iglesia y en una Europa más abiertas, solidarias y fraternas». (Maria, Portugal)

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