Roma (Italia). La Madre General del Instituto de las Hijas de Maria Auxiliadora ha enviado un mensaje para este tiempo particular de Cuaresma por el Coronavirus. La invitación de Madre Yvonne Reungoat es la de rezar la novena a María Auxiliadora, realizar pequeños y cotidianos gestos de caridad fraterna, reforzar la comunión fraterna, tener confianza y ser focos de esperanza y de luz.

“Queridas hermanas,
siento en el corazón la necesidad  de llegar a todas, con este mensaje, en todas partes del mundo. En comunión con la Iglesia universal, hemos entrado en el tiempo de Cuaresma: tiempo fuerte de plegaria, de ayuno, de conversión, de amor al prójimo expresado en la vida cotidiana. Jesús nos invita a seguirlo por el camino de la Pasión para llegar con él a la Resurrección.

La Pasión de Jesús se vive hoy en muchas personas que sufren, en muchos pueblos que, por motivo de la violencia, de la guerra, de la pobreza siempre más extendida, de la falta de respeto por la dignidad humana, son el rostro de Jesús sufriente.

En las Redes sociales, a menudo, no se comunican bien y con claridad las situaciones difíciles. Como Hijas de María Auxiliadora somos testigos de que éstas existen y las vivimos con nuestros pueblos; por esto nos sentimos solidarias y llevamos a nuestra plegaria a hermanos y hermanas, particularmente aquellos que no tienen voz, los más pobres, los olvidados, los excluidos. Unamos nuestra voz a la del Papa Francisco que siempre recuerda a los marginados, los excluidos de la sociedad y ruega por ellos.

En esta hora histórica tan compleja, estamos viviendo una inédita emergencia internacional provocada por la difusión del coronavirus. No tengo un conocimiento exhaustivo de la extensión de la epidemia, también porque cambia de día en día. De todas formas, sabemos que ésta se ha propagado por todo el mundo. Los casos de contagio se multiplican rápidamente y es una situación que nos preocupa. Hago lo posible para mantenerme informada de la situación de los Países donde estamos presentes. Estamos haciendo la experiencia de la fragilidad y de la vulnerabilidad cuando de pensaba poder resolverlo todo sin Dios. Este evento cambiará algo en la vida del mundo, y actualmente no podemos prever todas sus consecuencias. Éstas habrán de ser afrontadas con coraje y creatividad a todos los niveles de responsabilidad.

Acojamos esta situación con gran confianza en Dios que es Padre, Maestro y Señor de la vida y, al mismo tiempo, con responsabilidad en las relaciones con las personas que encontremos en nuestro camino. Respecto a esto, deseo compartir algunas consideraciones que creo oportunas para afrontar, de la mejor manera, este momento tan delicado.

La abundancia de noticias difundidas por los medios pueden generar en nosotras sentimientos diversos: por una parte tranquilizadores por las investigaciones científicas, las intervenciones de muchas personas profesionalmente preparadas para hacer frente a este virus, arriesgando también su vida; por otro lado pueden inducirnos a interpretaciones indebidas que provocan pánico, incertezas, estados de ánimo contraproducentes. Ante esta realidad estamos invitadas a reaccionar con responsabilidad para evitar alarmismos que nos dañarían más adelante.

Nos comprometemos a observar las disposiciones emanadas por Instituciones y personas expertas en este campo, observando las sugerencias que se nos indiquen para tutelar no sólo nuestra salud, sino también la de tantas otras personas. Pienso que ésta es un modo concreto de dar nuestra aportación para evitar que el contagio se extienda más. Es también un signo de solidaridad hacia quien, con mucho sacrificio, está dando lo mejor de sí, según las propias posibilidades y competencias, para detener la difusión del virus, y afrontar positivamente esta emergencia.

A nosotras, cristianas y consagradas, se nos pide algo más: intensificar la Plegaria al Padre, Señor de la historia, para que con Su gracia ayude a todas nosotras, y a toda la Familia humana, a vivir este tiempo con fe madura, con esperanza y apertura solidaria. Es hora de una mayor confianza en la presencia de Dios y en la intervención potente de María, Madre y Auxiliadora de todos sus hijos e hijas presentes en todo el mundo.

Por esto, os invito a rezar la novena a María Auxiliadora, hasta que esta emergencia sea erradicada. Sé que distintas comunidades ya la han iniciada con fe y les damos gracias de corazón. Es también esto un modo de sentirnos cercanas a las personas que están sufriendo porque están dañadas por el virus, y por sus familias, e igualmente próximas a los millones de prófugos que en estos días esperan acogida y encuentran sólo rechazo y violencia. Don Bosco sugería rezar a la Virgen de los “tiempos difíciles” con esta novena: “Si queréis obtener gracias  de la Santa Virgen haced una novena”

(MB IX, 289). Proponedla, a través de los medios a vuestra disposición, a las jóvenes y a los jóvenes con los cuales estáis en contacto y a otras personas, para que se forme una red de plegarias incesante que llegue al corazón de Dios.

Me permito invitaros a unir a la plegaria pequeños y cotidianos gestos de caridad fraterna. Son muy preciosos porque se viven en el “secreto” de vuestro corazón, allá donde sólo el Señor ve y, así, transforman en irradiación de bien, canales de esperanza, luz en las tinieblas. También estamos invitadas a ser prudentes. La solidaridad de nuestra parte, y también por parte de los/las jóvenes hacia aquellos que están en la necesidad, es siempre un signo de la Presencia de Dios que en su Amor no abandona nunca a su Pueblo que sufre.

Cuando nos encontremos en situación de tener que permanecer “en casa” por petición de las autoridades civiles y eclesiales, podemos reforzar nuestra comunión fraterna y volver a encontrar el gusto de estar juntas en la gratuidad de la presencia, simplemente contentas de tener tiempo para compartir lo que deseamos. Es una oportunidad de descubrir uno de los valores carismáticos: gozar juntas, tener momentos de distensión y reencontrar la sencillez de las buenas relaciones que todas necesitamos. Un valor que para la complejidad de la vida y el frenesí del trabajo corremos el riesgo de perder. Este tiempo tan particular nos ayuda a reforzar nuestra fe y nuestra esperanza, a ser generosas en humanidad y a redescubrir la belleza de la solidaridad hacia quien lo necesita.

En algunos lugares, por decisión ministerial, están cerradas las escuelas y las universidades y no están autorizadas las actividades que reúnen a niños, jóvenes y adultos. Incluso las celebraciones religiosas están prohibidas. Doy gracias a las comunidades por la creatividad que están desarrollando para llegar a las/los jóvenes on line, para que no les falte el acompañamiento educativo y espiritual que necesitan. Se están abriendo nuevos caminos y comprobamos que en las dificultades se desarrolla la creatividad.

Os animo a no dejaros aplastar por los nuevos desafíos, sino a afrontar con la pasión apostólica del Da mihi animas cetera tolle. El miedo paraliza, la confianza multiplica las energías y nos hace capaces de arriesgar hasta dar la vida. ¡Que nuestras comunidades sean un semillero de esperanza y luz!

Que María Auxiliadora nos acompañe a vivir este tiempo de Cuaresma en la luz de la Resurrección.

Roma, 11 marzo 2020                                                Superiora General del Instituto FMA
Suor Yvonne Reungoat, FMA

 

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