Roma (Italia). “1945: las Hijas de María Auxiliadora ‘ángeles’ de Coltano” es el título del volumen, publicado por Ediciones ETS (2024) en la serie “Vos estis templum Dei vivi. Estudios de Historia de la Iglesia”, escrito por Sor Maria Stella Calicchia, FMA de  la Inspectoría Nuestra Señora del Cenáculo  (ILS).

Presentación del autor:

El ensayo reconstruye, a partir de documentos y testimonios, lo que hicieron las Hijas de María Auxiliadora y religiosos y sacerdotes en 1945, durante la Segunda Guerra Mundial,  en favor de los prisioneros del Campo 337 de Coltano, Pisa.

El trabajo de investigación realizado en el marco de los estudios de la ACSSA (Asociación de Estudiosos de la Historia Salesiana) ciertamente no pretende ser exhaustivo, también porque después de tanto tiempo los testigos de los hechos ya no pueden contarlos, y es necesario buscar huellas con mucho empeño y tiempo entre archivos, documentos, memorias y testimonios que nos quedan. Mi enfoque ha sido sacar a la luz la humilde y silenciosa historia de estas mujeres de Dios que fueron “ángeles” en el infierno de un campo de prisioneros, y dar a conocer, al menos un poco, los rostros y rasgos de aquellos que estuvieron involucrados en este doloroso asunto.

La investigación tiene como objetivo contar lo realizado por las FMA de Livorno y Pisa en 1945 a favor de los prisioneros del Campo 337 de Coltano (Pisa), el campo de prisioneros más grande de Italia, en el que pasaron de 32.000 a 38.000 italianos de 9 a 80 años. Los americanos, avanzando por la Península para liberar a Italia de los alemanes, crearon estos campos de detención que, en la confusión del momento, tubieron prisioneros a hombres llevados sin demasiado discernimiento, y al final de la guerra había más de 400 campos de concentración en Italia. Dentro del campo había un poco de todo, desde ladrones de poca monta hasta miembros de las SS, desde ingenuos tomados al azar por la mala suerte hasta jóvenes reclutados a la fuerza, desde huérfanos hasta ancianos e incluso 994 partisanos.

Casi 80 años después de estos acontecimientos, es significativo releer lo que las Hermanas Salesianas de la época realizaron: más allá de banderas o posiciones políticas, fue una elección tomada del lado de la humanidad sufriente. Niños, adolescentes, jóvenes, ancianos, enfermos y mutilados, todos fueron colocados en pequeñas tiendas canadienses lo suficientemente cómodas para dos personas, pero donde tenían que estar solo después del anochecer, en 6 u 8, equipados con una sola manta. Una extensión de tierra ganada al mar preparada por los norteamericanos, del tamaño de un kilómetro cuadrado sin un árbol ni una brizna de hierba, albergó a esta humanidad, de abril a noviembre, distribuida en diez cercas o empalizadas con un triple cercado de alambre de púas y torres de control cada 500 metros, con soldados armados con ametralladoras y equipados con potentes reflectores para la vigilancia.

Las Hermanas dieron su contribución de ayuda y apoyo hasta el cierre del Campamento.

En el campo de concentración de Coltano, el sufrimiento era deshumanizante, porque los prisioneros vivían aislados. No poder compartir con nadie los abusos, la violencia física y psicológica, el hambre y las condiciones ambientales impuestas, impidieron que estas personas pudieran compartir su condición. El filtro de relaciones que hace humana la vida no existía aquí, como en todos los campos de prisioneros de la historia: la humanidad fue degradada.

De julio a noviembre de 1945 estas valientes mujeres, con sacrificio y gran generosidad, llevaron a cabo una misión de rescate, actuando como mediadoras entre la Santa Sede y el Comando Americano que, en primera instancia, tenía jurisdicción sobre el Campo y, posteriormente, cuando éste pasó al Gobierno italiano, fue un punto de referencia junto con el Arzobispado de Pisa, con la noble figura de Monseñor Gabriele Vettori,  Arzobispo en ese momento.

Eran mujeres de gran profundidad humana, espiritual y cultural, que supieron leer la historia de su tiempo y tuvieron la capacidad de tomar decisiones que se adhirieran a las necesidades más urgentes del momento. Con inteligencia e incluso un poco de astucia, obtuvieron, a partir del mes de agosto, lo que a estos presos no les era concedido: el reconocimiento de derechos y, con este reconocimiento, la posibilidad de tener conversaciones con sus familias, de poder enviar y recibir correo, paquetes y todo lo necesario para vivir.

El que ellas entraran y salieran del Campo sustituyó, poco a poco, el alambre de púas por el “hilo” de la Caridad Cristiana y abrió los corazones a la esperanza. Con este “hilo” han podido tejer la urdimbre y la trama de un tejido de colaboraciones que se ha ampliado para incluir a sacerdotes, religiosos, asociaciones, soldados y personas de buena voluntad que han dado su contribución a la reconstrucción de la sociedad italiana.

Descubrir que las Hermanas, gracias a la gran previsión y a la generosa apertura de Madre Lelia Rigoli, Inspectora de Liguria y Toscana en aquel momento, constituyeron un verdadero centro de referencia en Livorno y también en Pisa para los familiares que llegaban, desde toda Italia a estas dos ciudades con los medios y las incomodidades de la época,  buscando al marido, hermano o hijo del que no tenían noticias; Imagínenlas en la transformación de la escuela en verdaderas oficinas para permisos, para la clasificación del correo, para la preparación de paquetes de alimentos y ropa para los presos; ver la generosa acogida que se ofrece a los miembros de las familias compartiendo y transformando las habitaciones necesarias en dormitorios para pasar la noche y ampliar la mesa para alimentar y consolar a los que llegaban; pensar en ellas llegando todos los días al Campo por medios improvisados y entrando para la entrega de correo y paquetes y dar a estas personas una palabra de esperanza y fe, nos llena de gran admiración, nos hace reflexionar y sirve como una advertencia exigente en las opciones y la misión de nuestro tiempo.

El volumen fue presentado por la autora el 31 de mayo de 2024 en Pisa, con la participación del arzobispo de Pisa, monseñor Giovanni Paolo Benotto, Gianluca Fulvetti, de la Universidad de Pisa, y Stefano Sodi, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Toscana.

El 6 de junio de 2024, en el Teatro Salesiano de Livorno, será presentado por la autora junto a sor Grazia Loparco, FMA, profesora de la Pontificia Facultad de Ciencias de la Educación “Auxilium” de Roma. (Póster)

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