Estoril (Portugal). El 9 de marzo de 2026, 45 Hijas de María Auxiliadora provenientes de todas las casas de la Inspectoría Nuestra Señora de Fátima (POR) —quienes cuentan con una trayectoria de 40 o más años por los senderos de la educación— se reunieron en la Casa inspectorial de Estoril. El encuentro, marcado por la generosa dedicación de sus vidas a los jóvenes y a los pobres, fue una jornada de renovación y reflexión para proseguir juntas en la búsqueda de nuevos caminos.
Tras el saludo de la Inspectora, sor Deolinda Teixeira, y una invocación al Espíritu Santo, don Filipe Santos, del Seminario de Caparide, presentó a las hermanas una reflexión que las centró en lo esencial de la vida —«Esta es, en efecto, la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Ts 4, 2)— ayudándolas a recorrer los “senderos de una vida unificada”.
Partiendo del Bautismo, principio de la unidad en Cristo, y del camino de santificación recorrido hasta hoy, les dijo que «cuanto más vivamos en Cristo, tanto más toda nuestra vida estará unificada en Cristo» y que «Vivir en Cristo significa, ante todo, vivir en una relación de intimidad con el Padre, como hijos en el Hijo».
Descendiendo a la concreción de la vida, indicó tres rasgos que identifican la unión con Cristo y la transforman:
- 1° rasgo – Tener un corazón de hijo que vive una «relación abbática» con el Padre: «¡ABBÁ, Padre, Papá!» Así se dirige Jesús al Padre, en una relación de gran ternura, confianza e intimidad única. Jesús no vive para sí mismo, ni está centrado en sí mismo; sus palabras y sus gestos hacen referencia al Padre como eje fundamental de su vida.
- 2° rasgo – Tener un corazón de Hijo que obedece filialmente: Jesús vivió toda la vida bajo el signo de la obediencia, por lo que Él es verdaderamente Aquel que viene para hacer la voluntad de Dios.
- 3° rasgo – Tener un corazón de Hijo que busca la gloria del Padre: Viviendo en unión con el Padre y abandonado a Su voluntad, Su actuar no está movido por la garantía de Su gloria individual o por la búsqueda de las vanaglorias del mundo.
Las participantes tuvieron después tiempo para reflexionar y compartir esta presentación de don Filipe, confrontándola con la realidad de la vida religiosa y preguntándose qué caminos es necesario recorrer para vivir la unidad con Cristo y con los hermanos.
La tarde se dedicó a compartir sobre el tema propuesto, con una participación sinodal, sin prisas, pero con la conciencia del valor que este tema tiene para la vida de las FMA. Se presentaron también algunas propuestas surgidas de la reflexión sobre el tema de la revitalización de la Inspectoría.
Agradecidas a la Inspectora que las acompañó durante toda la jornada con su presencia, su palabra y su testimonio de hermana, las hermanas regresaron a sus propias Comunidades con la convicción de que no son los años vividos los que marcan la diferencia, sino cómo han sido vividos y que siempre se está en camino para llegar a decir: «¡En Él vivimos, nos movemos y existimos!» (Hcht 17,28).


















