Ucraina. En el cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa a Ucrania, que comenzó el 24 de febrero de 2022, mientras el país vive el Segundo Día Nacional de Oración, las Hijas de María Auxiliadora de la Visitaduría Madre de Dios (EEG) continúan elevando al Señor una única e insistente invocación: el don de la paz. Desde hace cuatro años acompañan con esperanza al pueblo en el sufrimiento, confiando cada lágrima al Corazón de Dios, al cual los Obispos de la Iglesia Romano-Católica en Ucrania han dedicado el año 2026.

En esta jornada, sor Natalia Vakulishyna se trasladará al Santuario Nacional de la Virgen de Berdychiv para participar en la oración del Rosario, organizada a nivel mundial por Radio María y transmitida internacionalmente en directo. Será un momento extraordinario de súplica por la paz que unirá a toda la Iglesia. La celebración será presidida por el Obispo ordinario de la diócesis de Kyiv-Zhytomyr, S.E. Vitaliy Kryvytskyi.

El Rosario será rezado en diversos idiomas —ucraniano, italiano, inglés, polaco y latín— y sor Natalia guiará un misterio en lengua inglesa. A continuación, el Obispo celebrará la Santa Misa, uniéndose a la Iglesia local y universal en esta intensa súplica por la paz.

Las FMA, tanto en Kyiv como en las otras Comunidades, continúan con fidelidad las actividades ordinarias: la escuela, la acogida de niños y padres, el acompañamiento de quienes sufren, de los heridos en los hospitales, de quienes han perdido a sus seres queridos y de quienes esperan a sus familiares detenidos o encarcelados en Rusia. Las hermanas de Kyiv, además, están plenamente involucradas en la Pastoral Juvenil a nivel diocesano. La semana pasada aportaron su contribución al curso de animadores junto a los Salesianos de Don Bosco, a los encuentros organizativos en preparación para la Fiesta Diocesana de los Adolescentes —que se celebrará en mayo de 2026, involucrando a 400 adolescentes— y a la Fiesta de los Jóvenes, en septiembre de 2026.

“Creemos firmemente que, después de un invierno tan duro en Kyiv —meses sin calefacción, sin electricidad, con temperaturas que bajaron de los -20°C— llegará de todos modos la primavera. Atravesaremos el tiempo de la Cuaresma y nos prepararemos para la Pascua con el corazón renovado. Rezamos con los niños en la escuela, en la parroquia, con la comunidad educativa y la Iglesia local; permanecemos al lado de nuestra gente y reavivamos la esperanza: incluso en la oscuridad de la guerra, creemos que Dios continúa actuando y que la paz es un don posible”, dice sor Natalia.

Sor Teresa Matyja comparte la situación de Odesa:

Han pasado cuatro años desde que nos despertamos la mañana del 24 de febrero de 2022 y escuchamos: la guerra ha comenzado. Cuatro años de vida y de espera a que llegara la paz, a que todo volviera a la normalidad, aunque esa normalidad nunca más volvería a ser la misma. La experiencia de la guerra, de las continuas alarmas y bombardeos, el miedo de tantas personas y la desesperación en los ojos de muchos.

Quisiera compartir la situación actual de las personas que viven en Odesa y en la región. Estar con las personas, hablar con ellas… todo lo que experimentan penetra profundamente en el corazón.

Actualmente hay un gran problema con la falta de electricidad y de agua. Y a pesar de todo esto, el invierno de este año es largo y arduo. La electricidad muy a menudo se corta: falta la mayor parte del tiempo. En algunas zonas de Odesa y de la región, la gente lleva semanas sin electricidad. Y cuando no hay electricidad, a menudo también faltan el agua y la calefacción. Si tienen un generador, lo encienden solo como último recurso, porque es muy costoso. Algunos usan también una central eléctrica, pero solo unos pocos tienen acceso.

En la mayoría de los casos los niños aprenden a distancia, las escuelas no están adaptadas para acoger a todos. Cuando ocurre un corte de energía, en consecuencia no hay internet y el círculo se cierra.

Los efectos del frío son muy graves: la gente se enferma. Las medicinas son muy caras y no todos pueden permitirse los tratamientos. Todo esto es consecuencia del frío. Si los niños van a la escuela, cuando suena la alarma, deben resguardarse en refugios donde la temperatura ronda los 7 grados Celsius, a veces incluso más baja. Y después vienen las enfermedades. Estamos ayudando en lo posible, donando fondos para tratamientos, combustible y comida. También hemos comprado linternas eléctricas.

La situación es muy difícil. Todos estamos esperando que el tiempo mejore un poco, porque el frío se hace sentir. En Odesa hay mucha humedad, con un toque de aire marino y a menudo hay un fuerte viento. Las personas están pasando por un periodo muy difícil, por lo que tratamos de ayudarlas lo más posible.

Las personas duermen con gorros de lana, bajo muchas mantas. A pesar de todo, no perdemos la esperanza. Intentamos estar con ellos, ayudarles, hablar con ellos y animarles a rezar. ¿Qué podemos hacer sin Dios?

Algunas personas sufren también de depresión. A causa del estrés y del miedo, muchos niños empiezan a sufrir de diabetes. Tanto quienes sufren de depresión como quienes están afectados por la diabetes necesitan recursos para sus tratamientos. Existen programas de asistencia. Pero, no son accesibles para todos.

Considero que nuestra presencia es como una presencia amistosa: mostramos a las personas que no están solas y que alguien se preocupa por ellas. No actuamos solas. Somos solo mediaciones, un puente entre quienes quieren ayudar y quienes lo necesitan desesperadamente. No perdemos la esperanza, perseveramos y, extrayendo fuerza y potencia de la oración y de una relación viva con Dios, compartimos fe, esperanza y amor.

Vivir aquí y experimentar todo esto nos enseña una perspectiva diferente sobre la realidad y sobre vivir el ‘aquí y ahora’, sin grandes proyectos. Estamos en las manos de Dios y nos dejamos guiar para unirnos a Él en el acompañamiento a quienes están necesitados”.

El testimonio de sor Jolanta Lisak, desde Lviv:

“El 24 de febrero de 2022 ninguno de nosotros podía imaginar que esta horrible guerra duraría hasta hoy. Tal vez los primeros días, las primeras semanas y los primeros meses de la guerra fueron los más difíciles. No estábamos preparados para la llegada de la guerra con su crueldad.

El primer periodo nos trajo desafíos urgentes. En los primeros días fabricábamos en casa, con las jóvenes, vendajes para los heridos y redes de camuflaje para ayudar a salvar a nuestros defensores. Luego empezaron a llegar los trenes con refugiados del este de Ucrania; entonces acogimos en casa a las madres con hijos pequeños y ayudábamos a los refugiados hospedados en las escuelas.

Gracias a la gran solidaridad, y con un gran apoyo de los voluntarios, pudimos recibir y distribuir la ayuda humanitaria que venía de diversas partes del mundo. Cada día, cada semana, mes y año, trae nuevos desafíos vinculados al conflicto.

Después de cuatro años nadie se ha acostumbrado a la guerra, pero hemos aprendido a vivir en condiciones de guerra. El rostro de la guerra ha cambiado, pero lamentablemente no ha perdido su crueldad. Nosotros en Lviv nos encontramos en la parte oeste de Ucrania y sufrimos menos bombardeos respecto al este, pero también aquí de vez en cuando caen bombas. Casi cada día escuchamos los “sonidos de la guerra”, porque nuestra casa en Lviv se encuentra cerca del Campo de Marte, el cementerio donde están sepultados los militares —Héroes de Ucrania— que nos han defendido.

Hacia el mediodía escuchamos las salvas de honor de los funerales de los soldados caídos. Desde el inicio de la guerra visitamos también a los militares heridos en el hospital militar, y desde hace dos años, una vez al mes, junto a los miembros de la Asociación de María Auxiliadora (ADMA) y a las jóvenes de nuestro pensionado, les llevamos tartas y galletas hechas en casa.

Tratamos de llevarles no solo dulces, sino nuestra gratitud, cercanía, una buena palabra y les aseguramos nuestra oración. A menudo son jóvenes, sin piernas ni manos, pero vivos, aunque algunos con los ojos apagados. A través de la presencia y la oración intentamos llevarles un pequeño rayo de esperanza”.

Las Hijas de María Auxiliadora de todo el mundo se unen con la oración y el ofrecimiento cotidiano a las Comunidades de Ucrania y de las otras tierras en las que hay conflictos, que continúan su presencia entre la gente llevando una pequeña luz en la oscuridad. El Instituto cuenta con la generosidad y la solidaridad de todos para ofrecer un apoyo concreto. Es posible enviar contribuciones y donativos, en las modalidades indicadas en el Sitio web del Instituto FMA, señalando en el motivo: Emergencia Ucraina.

1 COMENTARIO

  1. Queridas hermanas estamos de su lado. Oramos. aqui en la comunidad del colegio Maria Auxiliadora Norte en Bogotá…con todos hemos realizado jornada de adoración por la paz. las abrazamos de Todo corazón

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