Roma (Italia). El 6 de febrero de 2026 se inaugura en Milán, con la ceremonia de apertura en el Estadio Olímpico de San Siro, la XXV edición de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán Cortina 2026. Hasta el 22 de febrero, cerca de 3.000 atletas procedentes de más de 90 naciones del mundo competirán en ocho deportes y 16 disciplinas deportivas sobre hielo y nieve, para un total de 116 eventos.
Tras la edición anterior de Pekín, en China, en 2022, los Juegos se celebran por tercera vez en Italia (Cortina d’Ampezzo, 1956; Turín, 2006), involucrando a tres regiones —Lombardía, Véneto y Trentino Alto Adigio— que pondrán a disposición instalaciones de esquí y estructuras para disputar las pruebas.
El evento de Milán Cortina 2026 ha sido preparado mediante el paso de la Antorcha Olímpica a lo largo de toda la península italiana, con el objetivo de transmitir un mensaje de paz y de amistad a lo largo de su recorrido. Partiendo de Olimpia, en Grecia, el 26 de noviembre de 2025, el viaje de la Llama Olímpica de Milán Cortina 2026 llegó a Roma el 4 de diciembre, para luego recorrer las 110 provincias del país.
La Antorcha Olímpica, de diseño inconfundible y funcional, pasó por las manos de 10.001 relevistas (hombres y mujeres) —atletas de disciplinas olímpicas y paralímpicas, campeones de los Juegos Olímpicos de verano e invierno, rostros conocidos del espectáculo y «gente común», seleccionada mediante convocatoria pública y todos unidos por una gran pasión por el deporte— y tocó 60 ciudades, para un total de 12 mil kilómetros en 63 días.
Entre los relevistas se encontraba también Matteo, un joven del oratorio de Castellanza, en la provincia de Varese, donde están presentes las Hijas de María Auxiliadora de la Inspectoría Sagrada Familia (ILO).
Su pasión por el deporte —relata en una entrevista en el sitio fmalombardia.it – nació precisamente en el oratorio, y la primera llama que portó, desde muy joven, fue la de la antorcha que cada año parte de un santuario mariano y pasa de mano en mano hasta llegar a los Oratorios de Castellanza.
He aquí algunas respuestas de Matteo, que interpretan bien el valor de los Juegos Olímpicos, vivido con un estilo oratoriano y salesiano que apunta a la maduración integral de la persona, dentro de una relación con los demás de respeto, estima y corresponsabilidad, hacia la construcción de un mundo donde se respete la dignidad humana y la equidad para todos:
¿Cómo llegaste a portar la antorcha olímpica? ¿Por qué enviaste la candidatura? Decidí presentar mi candidatura como relevista precisamente porque me considero una persona muy deportiva, que cree mucho en el deporte como vehículo de valores: el respeto hacia los demás y hacia uno mismo, la colaboración, especialmente en los deportes de equipo, el sacrificio, el esfuerzo, la sana diversión. El deporte, por tanto, tiene su importancia tanto a nivel educativo como social.
¿Qué dicen las Olimpiadas a un joven cristiano? El deporte y el ser cristiano tienen muchas cosas en común, a partir de los valores que transmiten. El respeto hacia el prójimo, la capacidad de saber valorar los propios talentos, por citar algunos. El espíritu olímpico, del mismo modo, se guía por los mismos principios.
¿Cuál es el valor más importante del deporte? ¿Qué valores del deporte sirven para convertirse en adultos? Me gustaría que los padres transmitieran a sus hijos la importancia de hacer deporte, sea cual sea. Para lograr que sepan crecer, es fundamental que los chicos practiquen deporte, enfrentándose a la realidad, hecha de esfuerzo, de dificultades por afrontar y de encuentros con otras personas, con sus virtudes y defectos, cada una diferente de la otra.
Uno de los valores importantes que el deporte tiene el poder de transmitir, más allá del agonismo y la competición, es el de la tan anhelada paz. El Papa León XIV, al término del Ángelus del domingo 1 de febrero de 2026, recordó este importante evento, augurando una tregua, que por tradición debería acompañar a tales manifestaciones deportivas:
“El próximo viernes comenzarán los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, a los que seguirán los Juegos Paralímpicos. Dirijo mis mejores deseos a los organizadores y a todos los atletas. Estas grandes manifestaciones deportivas constituyen un fuerte mensaje de fraternidad y reavivan la esperanza en un mundo en paz.
Es este también el sentido de la tregua olímpica, antiquísima costumbre que acompaña el desarrollo de los Juegos. Deseo que quienes tienen en el corazón la paz entre los pueblos, y están investidos de autoridad, sepan realizar en esta ocasión gestos concretos de distensión y de diálogo”.
Al llamamiento del Pontífice se unió también el Presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, el 2 de febrero, dando la bienvenida al Comité Olímpico Internacional, donde habló del deporte como “vehículo de esperanza”:
“Es un gran evento global que lanza un mensaje a nuestro tiempo tan difícil. Las guerras, los desgarros en la serenidad de la vida internacional, los desequilibrios, los sufrimientos traen oscuridad y hieren las conciencias de los pueblos.
El deporte acoge, produce alegría, pasión, esperanza. Es respeto por el otro. Desafío a los propios límites: es libertad de progresar. El deporte es encuentro en paz: testimonia fraternidad en la lealtad de la competición con otros. Es lo contrario de un mundo donde prevalecen las barreras y la falta de comunicación. Se contrapone a la violencia que, practicada por quien sea, genera más violencia, pisotea la dignidad humana, oprime a los pueblos y hace retroceder su calidad de vida.
Pedimos —con obstinada determinación— que la tregua olímpica sea respetada en todas partes. Que la fuerza desarmada del deporte haga callar las armas.
El deporte tiene una gran fuerza en el mundo de las comunicaciones globales. Los Juegos son un instrumento envolvente para invocar la paz y la comprensión mutua. ‘Debemos ser la paz que deseamos ver en el mundo’, decía Martin Luther King.
Desde Milán y Cortina, desde Bormio, desde Livigno, desde Anterselva, desde el Val di Fiemme, desde Verona —que albergará la ceremonia de apertura de las Paralimpiadas (6-15 de marzo)— el deporte se propondrá como vehículo de esta esperanza. Esperanza que une a los pueblos de todos los continentes”.


















