Roma (Italia). Con ocasión de la Fiesta de la Presentación del Señor, el 2 de febrero de 2026, en la que se celebra la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica se dirige a las consagradas y los consagrados de todo el mundo con un Mensaje firmado por la Prefecta, Sor Simona Brambilla, MC; el Pro-Prefecto, Card. Ángel Fernández Artime, SDB; y la Secretaria, Sor Tiziana Merletti, SFP.
Profecia de la presencia: vida consagrada donde la dignidad esta herida y la fe es puesta a prueba
Queridos consagrados y consagradas:
Con esta carta deseamos llegar idealmente a todos los rincones del mundo, a los lugares de vuestra vida y de vuestra misi6n, para expresaros nuestro agradecimiento por vuestra fidelidad al Evangelio y por el don de una vida que se convierte en semilla esparcida en los surcos de la historia. Una vida a veces marcada por la prueba, pero vivida siempre corno signo de esperanza.
Durante el ultimo afio, en los viajes y visitas pastorales del Dicasterio, se nos ha concedido el don de entrar en contacto con esta vida y dejarnos interpelar por ella, encontrandonos con los rostros de numerosas personas consagradas llamadas a compartir situaciones complejas: contextos marcados por conflictos, inestabilidad social y politica, pobreza, marginaci6n, migraciones forzadas, minorias religiosas, violencia y tensiones que ponen a prueba la dignidad de las personas, la libertad y, a veces, la propia fe. Experiencias que revelan cuan fuerte es la dimensi6n profética de la vida consagrada corno «presencia que permanece» junto a los pueblos y a las personas heridas, en lugares donde el Evangelio se vive a menudo en condiciones de fragilidad y prueba.
Este «permanecer» asume diferentes rostros y esfuerzos, porque diversas son las complejidades de nuestras sociedades: alli donde la vida cotidiana esta marcada por fragilidades institucionales e inseguridad; alli donde las minorias religiosas viven presiones y restricciones; alli donde el bienestar convive con soledades, polarizaciones, nuevas pobrezas e indiferencia; alli donde las migraciones, las desigualdades y la violencia generalizada desafian la convivencia civil. En muchas partes del mundo, la situaci6n politica y social pone a prueba la confianza y desgasta la esperanza; y es precisamente alli donde vuestra presencia fiel, humilde, creativa y discreta se convierte en un signo de que Dios no abandona a su pueblo.
El «permanecer» evangélico nunca es inmovilidad ni resignaci6n, sino esperanza activa, que genera actitudes y gestos de paz, palabras que desarman precisamente alli donde las heridas de los conflictos parecen borrar la fraternidad; relaciones que dan testimonio del deseo de dialogo entre culturas y religiones; opciones que protegen a los pequefios, incluso cuando estar de su lado exige un predo; paciencia en los procesos, también dentro de la comunidad eclesial; perseverancia en la busqueda de caminos de reconciliaci6n que se han de construir en la escucha y la oraci6n; valentia en la denuncia de situaciones y estructuras que niegan la dignidad de las personas y la justicia. Precisamente por eso, este permanecer no es solo una elecci6n persona! o comunitaria, sino que se convierte en una palabra profética para toda la Iglesia y para el mundo.
En este permanecer corno semilla que acepta morir para que la vida florezca, en formas diferentes y complementarias, se expresa la profeda de toda la vida consagrada. La vida apostolica hace visible una proximidad activa que sostiene la dignidad herida; la vida contemplativa custodia la esperanza, mediante la intercesi6n y la fidelidad, cuando la fe es puesta a prueba; los institutos seculares dan testimonio del Evangelio corno levadura discreta en las realidades sociales y profesionales; el Ordo virginum manifiesta la fuerza de la gratuidad y la fidelidad que abre al futuro; la vida eremitica recuerda la primacia de Dios y la centralidad de lo esencial, que desarrna el coraz6n. En la diversidad de las formas, una sola es la profeda que torna cuerpo: permanecer con amor, sin abandonar, sin callar, haciendo de la propia vida Palabra para este tiempo y para este momento de la historia.
Es precisamente en esta profecfa del permanecer donde madura un testimonio de paz. El Papa Leon XIV lo ha recordado con insistencia en sus intervenciones, indicando la paz no corno una utopia abstracta, sino corno un camino exigente y cotidiano, que requiere escucha, dialogo, paciencia, conversion de la mente y del coraz6n, y rechazo de la logica de la prevaricacion del mas fuerte. La paz no nace de la rivalidad, sino del encuentro, de la responsabilidad compartida, de la capacidad de escuchar y de caminar sinodalmente, y, por lo tanto, del amor a todos en la senda del Evangelio, segun el cual todos somos hermanos. Asi, cuando la vida consagrada permanece junto a las heridas de la humanidad sin ceder a la logica del enfrentamiento, pero sin renunciar a proclamar la verdad de Dios sobre el hombre y la historia, se convierte -a menudo sin ruido -en artffice de paz. Queridos hermanos y hermanas consagrados, os damos las gracias por vuestra perseverancia cuando los frutos parecen lejanos, y por la paz que sembrais incluso cuando no es reconocida.
Sigamos custodiando corno grato recuerdo la experiencia del Jubileo de la vida consagrada, que nos ha invitado a ser peregrinos de esperanza por el camino de la paz. No se trata de un eslogan ni de una formula: lo hemos experimentado de manera concreta también en el camino que ha preparado nuestro encuentro en Roma. Es, mas bien, un estilo evangélico que estamos llamados a seguir encarnando, cada dia, alli donde la dignidad esta herida y la fe es puesta a prueba.
Encomendamos al Sefior a cada uno y cada una de vosotros, para que os fortalezca en la esperanza y os haga mansos de coraz6n, capaces de permanecer, de consolar y de recornenzar, y para que seais asi, en la Iglesia y en el mundo, profecia de là presencia y semilla de paz.



















Um forte apelo à coragem e fortaleza da profecia, com a ternura do bom pastor! Gratidão!