Roma (Italia). Del 7 al 9 de octubre de 2025, con motivo del Jubileo de la Vida Consagrada, las Hijas de María Auxiliadora (FMA) de entre 1 y 10 años de Profesión de las Inspectorías italianas San Juan Bosco (IRO) y Nuestra Señora del Cenáculo (ILS), y los Salesianos de Don Bosco (SDB) tirocinantes de la Circunscripción Central Sagrado Corazón (ICC), se dieron cita en Roma para vivir juntas jornadas de fraternidad y formación en preparación para este evento de la Iglesia.

El primer momento compartido fue guiado por Don Gian Franco Poli, Vicario episcopal para la vida consagrada de la Diócesis de Albano, quien ofreció ideas estimulantes y concretas para vivir el Jubileo de la mejor manera, e invitó a cada uno a hacer memoria viva de su propia vocación, dejándose renovar por la Misericordia de Dios y redescubriendo su propio mandato misionero.

Mediante grupos de trabajo para la puesta en común y el debate, se eligieron luego cuatro líneas de trabajo que abordan dimensiones fundamentales de la vida consagrada salesiana, a saber: la memoria y el don, el camino del peregrino, la esperanza en la prueba y los signos concretos de esperanza, con el fin de ofrecer herramientas para vivir el Jubileo lo más concretamente posible, aplicándolo a la propia vida cotidiana.

Un momento muy intenso fue la peregrinación hacia la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, que culminó en la vigilia de oración presidida por el Cardenal Ángel Fernández Artime, Pro-Prefecto del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. A través de la escucha de la Palabra de Dios y la entrega de diversos testimonios de vida, fue una ocasión preciosa para vivir la experiencia de ser peregrinas y peregrinos de esperanza en los caminos de la paz, en la comunión y en la puesta en común de la riqueza de los diferentes carismas, culturas e historias.

La experiencia concluyó con la Celebración Eucarística presidida por el Papa León XIV en la Plaza de San Pedro. En la homilia, el Santo Padre recordó la importancia de vivir la Profesión Religiosa y los votos «como niños que se abandonan en los brazos del padre» y, a través de los verbos usados por el evangelista Lucas —»pedir, buscar y llamar a la puerta»—, invitó a todos a mirar hacia atrás en su existencia, trayendo a la mente y al corazón cuánto ha obrado el Señor en su propia vida, para multiplicar los talentos, para crecer y purificar la fe y hacer la caridad más generosa y libre.

Citando luego las palabras de San Pablo VI, reafirmó con fuerza la necesidad de «conservar la sencillez de los más pequeños del Evangelio» y de ser «verdaderamente pobres, mansos, hambrientos de santidad, misericordiosos, puros de corazón, aquellos gracias a los cuales el mundo conocerá la paz de Dios».

Estos días vividos en la oración, en la fraternidad y con la Iglesia en el Jubileo de la Vida Consagrada, han abierto a los y las jóvenes FMA y SDB las puertas a algo que sabe de profético, de sinergia y de sinodalidad, en un enriquecimiento recíproco en el Carisma Salesiano, redescubriendo la belleza de ser únicos y similares al mismo tiempo, juntos para la misma misión en Cristo.

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