Turín (Italia). Del 3 al 6 de julio de 2025, en Turín, unas 30 personas participaron en los Ejercicios Espirituales organizados por la Asociación de María Auxiliadora (ADMA), bajo el tema «Padre Nuestro, la oración de las oraciones». Los ejercicios fueron guiados por el salesiano Don Gabriel Cruz, Animador Espiritual Mundial de la ADMA, con la presencia de Sor Lucrecia Uribe, Hija de María Auxiliadora y Animadora Espiritual Mundial.

En la introducción, Don Gabriel enfatizó que los Ejercicios Espirituales son un gran don del Señor para los cristianos, útiles para regenerarse espiritualmente y avanzar en el camino de la conversión. Luego indicó algunas disposiciones esenciales: abrir el corazón a Jesús con inmensa humildad; escuchar en profundidad, ya que la oración es un diálogo con Dios donde se sientan las bases para mejorar; ser sinceros consigo mismos y con Dios, preguntándose qué desea el Señor en ese momento de la propia vida; dar calidad a los espacios de silencio, para reconocer que Dios es Amor, Dios es Padre y que somos hijos/as; tener el valor de aplicar en la vida lo que Dios comunica, asumiendo un compromiso personal concreto.

Con esta premisa, se iniciaron las catequesis para reflexionar sobre el significado de cada versículo del Padre Nuestro, la oración que Jesús enseñó a sus discípulos como respuesta a su petición: «Maestro, enséñanos a orar». El predicador destacó que «La oración del Padre Nuestro nunca es individual sino eclesial», añadiendo que en cualquier momento de las 24 horas hay hombres y mujeres que en alguna parte del mundo oran los unos por los otros para que cada día represente un nuevo comienzo.

El grupo vivió con alegría todos los momentos que marcaron la jornada: las Laudes, la catequesis, la Adoración, el rezo del Rosario, el desierto personal, las píldoras formativas, el intercambio de reflexiones, la Santa Misa y las Buenas Noches salesianas. Las pausas y las comidas fueron ocasiones para la fraternidad y el intercambio de experiencias de vida y costumbres entre quienes son originarios o viven en otras partes del mundo.

Al final de cada jornada, no faltó un pensamiento de Buenas Noches. Uno de ellos fue ofrecido por Sor Lucrecia quien, tomando como punto de partida un relato de la antropóloga Margaret Mead, concluyó observando: «En un mundo que nos impulsa constantemente a competir, a correr, a salvarnos, esta historia nos recuerda algo esencial: ser civilizado significa ayudar. La antropóloga nos indicó que el verdadero comienzo de la civilización fue cuando hemos dejado de buscarnos solo a nosotros mismos y comenzamos a cuidar de los demás.»

En la Celebración Eucarística conclusiva, el grupo presentó al altar el compromiso concreto a realizar individualmente, como fruto del camino recorrido juntos, con la poderosa ayuda de María.

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