Roma (Italia). El  domingo 30 de marzo de 2025, las Hijas de María Auxiliadora de votos temporales y de 7 a 10 años de Profesión de la Visitaduría María Madre de la Iglesia (RMC), acompañadas por la Superiora de la Visitaduría, Sor Jessica Salvaña, y las Directoras de las cuatro Comunidades, vivieron una jornada de reflexión y de intercambio con Madre Chiara Cazzuola, Superiora General del Instituto FMA,  con Sor María del Rosario García Ribas, Vicaria General, y Sor Nilza Fátima de Moraes, Consejera para la Formación.

Después de la bienvenida inicial, Madre Chiara en su conferencia invitó a las jóvenes FMA a recorrer su historia personal y las razones de su «sí», a encontrar el sentido de una vida entregada a Dios y a los jóvenes y a redescubrir la llamada a vivir la mística de la vida cotidiana. Indicó la ventana de La Valponasca como una síntesis de la mística de las FMA, porque la vida cotidiana es el mejor lugar donde se encuentra al Señor.

Luego, Sor María del Rosario, a partir del artículo 8 de las Constituciones del Instituto FMA, las invitó a ponerse a la escucha, a despertar los recursos latentes y a liberar creativamente nuevas energías para el bien de la Visitaduría. Un largo espacio de silencio les permitió enfrentarse a las provocaciones que surgían de su experiencia, provocaciones que exigen una respuesta, que empujan al cambio, que llaman a la apertura y a la voluntad de conversión personal.

El trabajo en los grupos y el compartir los desafíos de la vida cotidiana ha enriquecido a todos y ha encontrado una profunda convergencia en el compromiso de vivir la unión con Dios en la complejidad de la vida cotidiana, valorando las relaciones, el diálogo intergeneracional e intercultural.

El saludo final de Sor Nilza también llevó a la joven FMA al compromiso de vivir la gracia de la unidad, mirando a Madre Mazzarello, a su corazón enamorado del Señor y fijo en Él.

Antes de finalizar la jornada, se invitó a cada uno a hacer una pausa en silencio en el ambiente de la Mostra del Carisma, para resumir la jornada. En el corazón de todas surgió con fuerza el agradecimiento a la Comunidad de la Casa Generalicia por la acogida y la generosa disponibilidad.

Cada una regresó a su propia comunidad con ganas de vivir y compartir con las hermanas la fecundidad de la vida cotidiana vivida con amor y alegría.

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