Lamezia Terme (Italia). El 24 de enero de 2026, en los días previos a la Fiesta de San Juan Bosco, se celebró en la Parroquia San Rafael Arcángel de Lamezia Terme (CZ) la Vigilia regional del Movimiento Juvenil Salesiano (MJS), que reunió a cerca de 300 jóvenes provenientes de las diversas casas salesianas de Calabria, acompañados por los Salesianos de Don Bosco y las Hijas de María Auxiliadora, en un clima de intensa participación, oración y comunión.

El título de la vigilia — “Don Bosco no te echará nunca”— sirvió como hilo conductor de un recorrido espiritual inspirado en la célebre página de la vida de Don Bosco que narra la acogida del primer huérfano en Valdocco: un chico pobre, aterido de frío y sin seguridades, al cual Don Bosco abrió la puerta de su casa y de su corazón. Una historia que continúa hablando hoy, convirtiéndose en imagen concreta de tantos jóvenes que buscan escucha, confianza y un lugar donde sentirse acogidos.

El camino propuesto durante la velada se articuló en torno a tres imágenes simbólicas —los ladrillos, la manta y el fuego— que recordaron tres verbos centrales del Carisma salesiano: acoger, sanar, amar. A través de la Palabra de Dios, los signos, el silencio y la oración, los jóvenes fueron invitados a reconocer sus propias fragilidades no como un límite, sino como un lugar donde dejarse alcanzar por el amor de Dios y convertirse, a su vez, en casa para los demás.

Especialmente significativo fue el discurso del Inspector de la Inspectoría Meridional Beato Miguel Rúa (IME), el P. Gianpaolo Roma, quien subrayó cómo cada encuentro verdadero requiere el valor de dejar de lado las propias seguridades, derribar las resistencias y no avergonzarse de buscar a Jesús. Una invitación contundente dirigida a los jóvenes para que se dejen tocar y mirar, porque solo aquello que realmente toca el corazón se convierte en experiencia de vida y genera esperanza.

Los testimonios hicieron aún más concreto el mensaje de la vigilia. Un joven animador salesiano relató cómo la educación y la presencia cotidiana en el oratorio, hechas de escucha, responsabilidad y sencillez, pueden convertirse en signos tangibles de amor por los muchachos, capaces de construir relaciones auténticas y futuro.

Otro testimonio recorrió un camino personal y profesional marcado por elecciones, cambios y nuevos comienzos, acompañados por la fuerza de una comunidad que sostiene y no abandona. También fue intenso el testimonio vocacional de una joven FMA de la Inspectoría Virgen del Buen Consejo (IMR), quien compartió cómo un encuentro profundo con el amor de Dios, vivido dentro de una herida personal, se convirtió en origen de sanación y de una elección de donación total a los jóvenes.

La Vigilia es una cita que ha confirmado, una vez más, la vitalidad del Movimiento Juvenil Salesiano en Calabria, una realidad capaz de hablar al corazón de los jóvenes y de testimoniar, al estilo de Don Bosco, que siempre hay una puerta abierta y un corazón listo para acoger a cada joven.

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