Roma (Italia). El 24 de diciembre de 2025, en el salón teatro de la sede central del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, las Comunidades María Auxiliadora de la Casa Generalicia (RCG) y del Sagrado Corazón de la Inspectoría romana San Juan Bosco (IRO) se reunieron para expresar sus felicitaciones navideñas a la Madre, Sor Chiara Cazzuola, y a las Consejeras generales.

“Somos constelaciones de esperanza”: las Directoras de las dos Comunidades —sor Carla Castellino y sor Antonella Cangiano— invitaron a las hermanas presentes en la sala a dejarse encantar por la maravilla de la creación y a realizar “un viaje” a través de galaxias lejanas, nebulosas coloridas y sistemas estelares fascinantes.

La presentación estaba dividida en tres momentos. El primero, con el título Si miro el cielo, se refería a la explosión de alegría de toda la creación cuando recibió la invitación a existir y respondió «¡Me has llamado, aquí estoy!». Con un bello entrelazamiento entre la narración poética del sucederse de la creación, el breve canto de dos FMA solistas, las voces del canto en francés y los movimientos de danza, se dio vida a la atracción gravitacional de los astros.

Nosotros, «estrellas» de Dios, es el título del segundo momento, con el que se describió la semejanza de los seres humanos con las estrellas: los elementos del polvo estelar están presentes de diversas formas en el hombre y la mujer. En el escenario, los delicados movimientos de un grupo de hermanas vietnamitas resaltaban el sentimiento del salmista de alabar y cantar a Dios por su amor.

El tercer momento, Levantados los ojos al cielo, fue interpretado por los tres Reyes en camino desde Persia, que estudiaban el cielo y “al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría”. (Mt 2, 10). La luz de la alegría, “Light has come, ¡rejoice!”, fue cantada en inglés por un grupo de hermanas de diversas procedencias.

Jesús es “la estrella radiante de la mañana” (Ap 22, 16) que sostiene la Esperanza de vivir hoy y siempre como estrellas que brillan en lo alto, mostrando las buenas obras realizadas en favor de los más pequeños y frágiles, con la energía carismática que inserta a cada una en la larga estela de hermanas que, con su santidad, continúan atrayendo hacia la verdadera comunión, fruto de una cohesión trinitaria que va más allá de la vía láctea querida por el Creador.

El canto final “È nato” (Ha nacido), interpretado unánimemente por las cerca de 120 voces de las hermanas de las dos Comunidades, preparó después la escucha de la palabra de la Madre.

Madre Chiara agradeció por el momento “muy rico”, que hizo meditar y también alabar al Señor, porque “es verdad que estamos hechos de polvo de estrellas… ¡Nunca pensamos en ello, pero es así!”. Luego dejó un breve mensaje basándose en la liturgia del día, del segundo libro de Samuel, en el que David piensa en construir una casa a Dios: “era sincero, pero quería hacer la casa de Dios en su casa”. Así Dios, a través del profeta Natán, le recuerda que Él primero lo había tomado del pastizal: “es también una invitación vocacional, a recordar de dónde hemos partido: la iniciativa no es nuestra, sino de Dios. Es como si Dios dijera ‘soy yo quien les hará la casa a ustedes’. Esta es la promesa que se realiza en Navidad” –continuó la Madre– “una casa segura. Y el misterio de la Navidad realiza esta promesa: Jesús es para todos hogar, aquel que acoge. Es el Señor quien se hace pequeño, niño. Un niño es un niño: no tiene fuerza ni energía, depende de los demás, no tiene palabra. Entonces este es el mensaje de la Navidad: Dios envía a un niño y nos asegura su casa para siempre. Al mismo tiempo, nos invita a ser su casa, que debe ser casa para todos, a ir a su encuentro y a abrir nuestros corazones, nuestra vida”.

Las Directoras entregaron después sus obsequios a la Madre y a las Consejeras: “A la Madre le entregamos esta Navidad de Luz con un gracias grande, porque la palabra de la Madre es verdaderamente para nosotras una luz, pero más aún su vida, como la vida de todas ustedes”, así motivó el regalo sor Carla Castellino.

Sor Antonella Cangiano, por su parte, ofreció los dones de su propia Comunidad mirando los caminos de paz iniciados con la Comunidad educativa para prepararse a la Navidad: “Que la Estrella que indica al Príncipe de la Paz nos ayude a acoger la paz que —hemos comprendido con los niños— comienza cada día desde nosotros mismos. Felicitaciones de paz!”.

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