Roma (Italia). En el ámbito del itinerario para la Canonización de Sor María Troncatti (19 de octubre de 2025), elaborado por la Comisión histórico-espiritual-litúrgica para conocer mejor su figura y propuesto el día 25 de cada mes en recuerdo de su nacimiento al cielo, el 25 de noviembre de 2025, en el 9º video, se presenta el testimonio de sor Carla Restelli, Hija de María Auxiliadora, misionera de la Inspectoría Sagrado Corazón (ECU), en el cual destaca la dimensión mariana.
Sor Carla conoció a Sor María Troncatti (1883-1969) cuando esta ya era anciana. Este es su primer recuerdo: “De sus ojos brotaba tanta luz y paz. Tenía en la mano el rosario que desgranaba lentamente. Recuerdo que una hermosa sonrisa pintaba su rostro y lo iluminaba con tanta bondad”.
Al igual que la Santa, sor Carla también es enfermera, por lo que deseaba conocer el hospital de Sucúa, construido por ella. Sor María la acompañó y sor Carla quedó impresionada por la confianza y la familiaridad con la que los internos se dirigían a ella para expresarle las alegrías y las dificultades que atravesaban. “Tenía una forma sencilla de aconsejar, consolar, y recibían de ella luz y esperanza para seguir avanzando en la vida”.
Tanto en el diálogo con ella, como de los testimonios de las hermanas de su comunidad, entendió de dónde sacaba esa Luz y esa fuerza, que no guardaba para sí:
“Ella era la primera que llegaba a la iglesia por la mañana temprano y, solo con la luz de queroseno del sagrario, llenaba su corazón del Amor eucarístico, para luego regalarlo a quienes se acercaba en el hospital, a las hermanas, a la gente, a los misioneros.
Tenía un gran amor por la Virgen. Tenía en la mano el rosario y mientras caminaba lentamente debido a la edad, su mente se dirigía a quienes confiaban en su intercesión, segura de encontrar ayuda, consuelo y fuerza. No rezaba sola: por la tarde, en la sala del hospital donde se encontraban los enfermos, rezaba el Rosario con ellos y cantaban alabanzas a la Virgen”.
Poco después de su muerte, sor Carla recibió la obediencia de ir precisamente al hospital Pío XII de Sucúa: “El recuerdo de ella estaba muy fresco en la gente. Absorví su espíritu misionero hecho de humildad, sacrificio y donación a los enfermos del cuerpo y del alma. Ella amaba a todos, no hacía distinción de raza o de clase social”.
De su testimonio emerge la gran cercanía de Sor María con quienes lo necesitaban, que manifestaba concretamente, pero sobre todo el hecho de que era “invocada, recordada por la gente como una hermana misionera especial, santa, digna de ser invocada en los momentos de gran necesidad”.
Sor Carla también relata una intervención quirúrgica a la que asistió como anestesista, que parecía un caso verdaderamente desesperado, y que sin embargo se resolvió con éxito gracias a la oración de la hermana del enfermo junto a otra misionera, frente a la estatua de la Virgen, pidiendo la intercesión de Sor María: “Humanamente no se habrían podido obtener estos resultados, pero la fe, unida a la intercesión, movió la voluntad del Señor”.
Los recuerdos en ella son todavía vivos y hoy expresa la gratitud por poder rendir homenaje a una Santa: “Cómo no recordar la figura de Sor María: mujer de andar lento, mirada profunda, risa atractiva, manifestaba una fe ardiente. Estoy contenta de rendir homenaje a esta misionera nuestra y la admiro. Me he unido con afecto a esta auténtica Hija de María Auxiliadora, por su piedad, humildad, amabilidad y salesianamente alegre. Ciertamente en el jardín salesiano donde se encuentra en el cielo, no dejará de escuchar y proteger a quien con fe la invoca. Por eso, gracias Sor María!”.

















