Roma (Italia). El 22 de diciembre de 2024, en la Casa Generalicia de las Hijas de María Auxiliadora, las Comunidades de Roma de la Visitaduría María Madre de la Iglesia (RMC) expresaron su felicitación navideña a la Madre, Sor Chiara Cazzuola, y a las Consejeras Generales.
El momento comenzó con una oración-meditación sobre la historia de la salvación: «Gloria a Dios, paz a los hombres», a partir de la Palabra de Dios, del Prólogo de Juan (Jn 1,1-3a) y del Génesis (Gn 1,31a), con salmos y cantos, oraciones de alabanza a Dios y el Magnificat.
A continuación, todas las Hijas de María Auxiliadora de las Comunidades de la Visitaduría subieron al escenario para cantar el canto Gloria (Hágase la paz), presentado así a la Madre, a las Consejeras y a las FMA de la Comunidad María Auxiliadora de la Casa Generalicia (RCG) presentes:
«Somos hijas de la promesa, nuestra tierra ha visto al Hijo de Dios, Rey de gloria, Rey de paz. Pero aún más, lo encontramos cada día en la Eucaristía y en nuestros hermanos y hermanas. ¡Él está con nosotros, la promesa se ha cumplido! Pero… ¿Por qué esta tierra, nuestro mundo, y a veces nuestros corazones, no disfrutan de paz? Si el hombre, creado para alabar a Dios, se atribuye a sí mismo y a sus obras la gloria debida a Dios, no vive en paz.
Os deseamos que experimentéis en esta Navidad el cumplimiento del anuncio del ángel: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres a quienes Él ama» (Lc 2, 14). ¡Y que esta invitación a alabar a Dios no se realice solo en este tiempo de Navidad, sino que se prolongue en nuestro estilo de vida y así traiga frutos de paz, alegría y esperanza! La canción que queremos cantar ahora contempla al Emmanuel, Dios con nosotros, fuerte en el amor. ¡Démosle gloria y él nos dará la paz!»
La Madre y las Consejeras, por su parte, correspondieron a los saludos con el canto «Verrai Signore», expresión de la espera anhelante de la Venida del Señor: «Tu alegría nos invadirá y ya no tendremos miedo».
Madre Chiara, agradeciendo a las hermanas de la Visitaduría por su presencia, por el intenso momento de oración y por el canto, dijo: «Las palabras de la Palabra que hemos escuchado en la carta a los hebreos ‘He aquí que vengo’ se convierten en el dinamismo propio de la Madre, que consiente la vida en ella, hasta el punto de permitir que la vida de Dios no solo tome forma, sino que informe su paso, el tono de su voz, las emociones más genuinas y fuertes de su corazón, cuya calidad de belleza y verdad son inconfundibles e imposibles de ocultar. (…) María nos enseña el camino de vivir la Navidad: vivir con valentía y audacia nuestro modo de ser mujeres y comunidades generadoras de vida».
«Todos los años llega la Navidad», observaba la Madre, preguntándose cómo llega nuestro corazón a esta fiesta tan importante, y ponía el ejemplo de dos hermanas, una que ha sido cocinera durante más de 60 años en diferentes comunidades y en una carta desde el hogar de ancianos expresó su alegría por su vocación y por pertenecer al Instituto; y otra hermana, una directora de grandes comunidades del Piamonte, siempre apasionada y entusiasta, que al final de su vida dijo serenamente «Espero a María»: «Decir esto al final significa que realmente se ha vivido totalmente para el Señor».
«La verdadera Navidad es vivir verdaderamente con el Señor en espera de su venida», concluyó Madre Chiara, y finalmente recordó a las hermanas que viven en situaciones difíciles – Ucrania, Oriente Medio, Myanmar, Nicaragua, Haití, Sudán… y otras naciones donde los cristianos son perseguidos y donde hay comunidades FMA – » En estas Navidades también les damos el consuelo de nuestra presencia y nuestra alegría».
Los saludos terminaron con el tradicional intercambio de regalos y un momento de convivencia y alegría juntas. La Madre y las Consejeras entregaron un obsequio a la Superiora de la Visitaduría, Sor Jessica Salvaña, a la Madre General Emérita, Sor Yvonne Reungoat y a las Directoras de cada Comunidad de la Visitaduría, en representación de todas.
Foto: Flickr FMA


















