Una misión educativa en la “Iglesia de todos y particularmente de los pobres”

Una misión educativa en la “Iglesia de todos y particularmente de los pobres”

En muchas partes del mundo éste es un período de revisiones, programaciones, planificaciones, reuniones...

Con mucho gusto sor María del Carmen Canales y las hermanas consultoras del Ámbito para la Pastoral juvenil –entre otros compromisos de animación-prestan un servicio de consulta para laelaboración del Proyecto Inspectorial de Pastoral juvenil, que muchas inspectoríasya han redactadoo están completando, con mucha implicación de FMA, laicas/laicos y jóvenes.

Es interesante ver con cuánto empeño se estudian los contextos culturales y juveniles, las situaciones socio-religiosas, los procesos mundiales en marcha, se buscan (y encuentran) los recursos oportunos y los posibles pasos en sinergia con muchos compañeros en la educación… Es hermoso sobre todo considerar –para cada comunidad inspectorial- los años de Historia, de Vida, de bendiciones y esfuerzos, de desarrollo y expansión del carisma, de compromiso de muchas comunidades educativas que crecencon laicas, laicos y jóvenes deseosos de ser PARA y CON los pequeños y los pobres, y después los años de futuroy los de vida gastados por muchas FMA, mujeres ‘vivas’ y llenas de esperanza y de bondad.

El 50º aniversario del inicio del Concilio Vaticano II da también un ulterior significado a nuestra misión educativa. Es hermosorepensar en lo que el Papa Juan XXIII dijo antes del inicio del Concilio: “Iglesia de todos y particularmente de los pobres”. El Concilio tuvo este sueño que puede ayudar también hoy, en un tiempo de profunda crisis, a vivir sin miedo y sin ceder al pesimismo con el que muchos miran el presente y el futuro. Juan XXIII, en el discurso inaugural del Concilio, “Gaudet Mater Ecclesia”, el 11 de octubre de 1962, dijo: “A nosotros nos parece deber disentir de estos profetas de calamidad que anuncian siempre acontecimientos nefastos que amenazan el fin del mundo. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo ordende relaciones humanas”. Recogiendo esta invitación, no nos resignamos ante la complejidad y las dificultades del presente sino que vivimos aquella “iglesia de todos y especialmente de los pobres”, que el beato Juan XXIII auspiciaba en el Concilio.

Uno de los sueños del Concilio sobre la Iglesia había sidovolver a la sencillez evangélica y, en 1964 Pablo VI, durante una misa concelebrada en San Pedro, depositó la tiara papal sobre el altar como ofrenda a los pobres: verdaderamente los hermanos y las hermanas de Cristo pobre usan medios pobres y aman a los pobres. Este estilo de vida es todavía actual y es todavía “profecía” para el hoy, particularmente en tiempo de la globalización y de la crisis económica y financiera mundial. Estamos viviendo difíciles transiciones en muchos Países del mundo. Los estados son más pobres y el “estado del bienestar”no consigue resistiren una crisis tan fuerte. Sin embargo, es un error contraponer solidaridady recursos limitados, con frecuenciase tiende a hacer, porque esto creauna actitud de no considerar la solidaridad como precioso componente de la vida social. La solidaridad es un hecho de cultura, de visión del mundo y no está sólo ligadaa los recursos, es mucho más que recursos.

El Concilio es esperanza, y hoy es sensato hacer historia, incidir en la historia partiendo de los pobres, de los jóvenes pobres: con ellosse realiza un servicioa todos. Sin la solidaridad con los débiles, se construye una sociedad no humana. Con la solidaridad, con los abandonados y con aquellos que están en peligro, se recuerda a la persona humana que también la debilidad forma parte de la vida.

 

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