Madre Antonia Colombo a Catania nel centenario della morte della Beata Maddalena Morano

Madre Antonia Colombo a Catania nel centenario della morte della Beata Maddalena Morano “Juntos… signo de esperanza”. Ha sido el hilo conductor que ha entrelazado en Sicilia los distintos momentos conmemorativos del Centenario de la muerte de la Beata Magdalena Morano. Se trata de una herencia carismática, siempre actual porque desde 1881 a hoy tiene como criterios el discernimiento de los signos de los tiempos, la pasión por Cristo y por los/las jóvenes.
Tres son en particular los lugares de los acontecimientos. El Instituto María Auxiliadora, sede de la Inspectoría siciliana, en la que tuvo lugar el 26 de marzo en el salón teatro “Magdalena Morano” un seminario regional histórico-socio-educativo con el tema: “De la herencia de Magdalena Morano a los nuevos retos educativos en Sicilia”; el 30 de marzo el Santuario María Santísima de la Ayuda en el que en la plazoleta está situada también la casa que acogió a las primeras Hermanas; y el teatro de la Provincia “las Chimeneas” que vio reunidos a los grupos de la Familia Salesiana, autoridades eclesiásticas y civiles en la participación de la manifestación cultural, con intervalos de algunos mensajes, entre los cuales el que la Superiora General de las Hijas de María Auxiliadora, Madre Antonia Colombo, dirigió a la gran asamblea organizada.
“Es con vosotros que somos Juntos… signo de esperanza para los jóvenes y con los jóvenes”, así empezó Madre Colombo su mensaje. Presencia que testimonia “una parábola de comunión”.
La Superiora General identificó “en el arte de construir puentes de esperanza en la línea de la experiencia evangélica y carismática” aquel núcleo vital que hizo de la Beata Magdalena Morano una mujer consagrada sabia y prudente.
Madre Antonia reevocó así comentándolos algunos puntos-fuerza de Magdalena Morano: Valentía de apostar por Jesús. Nada sin amor. Caridad con todos, cordialidad, espíritu de unión.
“Osemos apostar por Jesús – dijo Madre Antonia – porque ante todo es Él que se fía de nosotros y nos sale al encuentro”. Cristo – continuó – “es el puente en el que nuestras existencias pueden encontrar significado”. De la otra parte del puente “no está lo desconocido que puede darnos miedo, sino un Padre dispuesto a acogernos. Con Jesús podemos atravesar el puente de la inseguridad, de la soledad, de la fragilidad y mezquindad cotidianas y marchar de nuevo cada vez con la certeza de que nuestra vida no caerá en el vacío, sino que la recogerá Alguien que custodia con amor cada uno de sus instantes”.
Cuando hay Alguien por quien existir, añade la Superiora General, “lo cotidiano se hace oportunidad para vivir con intensidad de amor el aquí y el ahora; la única posibilidad que se nos ofrece para mirar con confianza el porvenir. Formamos parte de un gran sueño lleno de futuro; podemos entregarlo a otros sencillamente porquecreemos en él y porque le damos visibilidad en el momento presente a través de pequeños gestos que atestiguan un gran amor. Así hacía, así recomendaba Magdalena Morano. Vivir con amor significaba para ella ir derechos a lo esencial, no mirar ni a derecha ni aizquierda. Tener un porqué en la existencia hace comprensibles y aceptables casi todos los cómo”.
El espíritu de caridad, cordialidad y unión de que hablaba Magdalena Morano – recuerda Madre Antonia – hoy se llama “espiritualidad de comunión”. Como Familia Salesiana, construir puentes de comunión y de diálogo compromete a cada miembro “a dar confianza, a hospedar a los otros en nuestra vida, a escucharles con detenimiento no sólo en lo que dicen, sino también en lo que no dicen, superando prejuicios y barreras que impiden comprendernos y acogernos. Significa mirarles desde el punto de vista de Dios, comunicarles este mensaje: ‘Tú eres importante porque eres amado/a por Dios’. Madre Morano lo transmitió con su obra de evangelización y educación, con toda la vida.
En una sociedad a menudo caracterizada por la competencia, el espíritu de comunión hace más humanos y evangélicos, orienta a unir las fuerzas en la misión educativa que Don Bosco consideraba “la mayor empresa”. Como Familia Salesiana, como comunidades educativas – recalcó Madre Antonia – “somos una gran fuerza de comunión; un puente por el que muchos jóvenes y muchas familias pueden pasar y encontrar la valentía y la alegría de vivir, de colaborar en una convivencia social respetuosa para todos”.
Pero ¿qué esperanza – se pregunta Madre Antonia – podía ofrecer una mujer que llegaba del continente sin conocer la realidad en la que se insertaba? “Magdalena Morano – comenta – no había estudiado cómo inculturar el carisma salesiano y no conocía la lengua siciliana, pero poseía el lenguaje del corazón que todos podían entender. Ante ella las desconfianzas caían, los prejuicios perdían su fuerza, lo positivo se potenciaba. La esperanza que ofrecía era aquella que ella misma vivía: un corazón habitado por la presencia de Dios que sabía hacerse signo y expresión de su amor preventivo, incluso en las situaciones más difíciles donde otros se hubieran rendido. De esta forma disponía los ánimos a acoger el presente como gracia y como oportunidad de compromiso para transformarlo”.
Las palabras de Madre Antonia han llegado derechas al corazón de la asamblea reflexiva, silenciosa y llena de gente. El comentario de algunas Hermanas y seglares presentes subraya con fuerza la última parte del mensaje de la Superiora General: “En la estela de Don Bosco, Magdalena Morano promovió con todos los medios a su disposición los derechos de los pobres, de las/de los muchachos, de la mujer en particular. A través de su obra de evangelización y de las instituciones educativas a las que dio vida, les hizo protagonistas de un futuro distinto. Un futuro habitado por la esperanza”.
La invitación-llamada de Madre Antonia a la Familia Salesiana y a las comunidades educativas que comparten el Sistema Preventivo – sistema del amor centrado en Jesús y en el valor inalienable de la persona humana – ha sido el de ofrecer “una gran esperanza a los jóvenes en un tiempo de emergencia educativa. Pero es necesario que, juntos, en la Iglesia, en red con las instituciones educativas del territorio, tengamos en el corazón la esperanza que queremos comunicar”.
Y, precisamente el nombre del lugar – Las Chimeneas – en el que se desarrolló la manifestación, se convierte en una imagen simbólica. “Las chimeneas – concluye Madre Antonia – son, en efecto, respiraderos que indican la presencia del fuego. Nuestra misión de educadoras y educadores que comparten la espiritualidad salesiana será eficaz si, como Magdalena Morano, seremos signos y testimonios del fuego que arde en nuestros corazones, de la pasión del da mihi animas coetera tolle que alimentan una esperanza y un amor más grandes”.

La provincia "Madre Maddalena Morano"

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