Rivista DMA

Id sin miedo

Id sin miedo

En una circular M. Antonia Colombo hacía notar que “educandos santos exigen educadores santos, capaces de vivir la parresía evangélica y de superar la timidez para proponer a los jóvenes metas de belleza, de verdad, de bondad, hechas atractivas por la transparencia de su testimonio” (Cir. 854). Palabras actuales, en línea con el tiempo en que vivimos, al abrigo de la fiesta de los Santos, y cercanas a la reflexión que nos compromete en este tiempo precapitular. Madre Yvonne nos está recordando que “sólo una vida que sabe arriesgarse por amor como Jesús en lo cotidiano y se abre con audacia a las situaciones de pobreza juvenil… se hace sacramento de la presencia de Dios”, por lo tanto ¡evangeliza! Y subraya que “la casa que queremos construir juntos tiene la puerta siempre abierta para dejar entrar la luz de la Palabra y el amor misericordioso y gratuito de Dios a irradiar con valentía yendo también contracorriente y pagando en persona” (Circ. 934).

Audacia, valentía, capacidad de opciones contracorriente; son actitudes que expresan la exigencia de parresía que se nos pide hoy. Implicando un camino exigente de éxodo, de seguridades, de acomodaciones a una vida de sabor burgués, del temor a exponerse, para un don en radicalidad. Es el camino que nos propone de forma creíble el Papa Francisco. Volvamos a oír en nosotros el eco de las palabras que el 23 de junio pronunció en el Ángelus dominical: “Veo que entre vosotros hay muchos jóvenes. Os digo: ‘no tengáis miedo de ir contracorriente’, cuando os quieren robar la esperanza, cuando os proponen valores deteriorados como una comida estropeada hay que ir contracorriente y ser intrépidos por hacerlo”.

En este número el tema de la audacia evangélica, se manifiesta bajo ángulos y puntos de vista distintos. Cada recorrido nos parece un camino a recorrer, como fue para quien ha hecho, de él, el tejido de la propia vida. Así para Don Ricardo Tonelli, que ha fallecido (efectivamente fallecido ¡para muchos!) hace alrededor de un mes y que nos ha sido hermano, amigo, padre, maestro, consejero discreto. Una guía segura y valiente que ha sabido “valorar la intuición femenina, valorar lo humano, lugar del encuentro con Dios y apuntar decididamente sobre la educación, sobre los procesos educativos para anunciar dentro de ellos la Verdad que salva y que hace a la persona más persona”.
A él un pensamiento de fuerte y viva gratitud también por haber sido del 1982 al 1990 director de nuestra revista Da mihi animas. Nos ha ayudado a ser valientes y coherentes con la línea declarada en el Proyecto Juvenil del Instituto. Don Ricardo, un sabio con el corazón de los ‘pobres de espíritu’.

gteruggi@cgfma.org

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