Rivista DMA

La opción de la no-posesión

La opción de la no-posesión

Hay un motivo de fondo, como un hilo conductor – lo podemos denominar no-posesión – que atraviesa varios artículos de este número del DMA. Un retorno del todo salesiano, y también de sabor franciscano, si evocamos las palabras de un conocido recital sobre San Francisco de Asís: “Regla 1 – Nosotros pedimos
el permiso de poseer nunca ninguna posesión”.  Es una connotación de la gratuidad que, si se convierte en estilo de vida, puede hacernos “las personas más libres, más felices” y ayudarnos a tomar la vida con más humorismo.  Vivir la gratuidad despoja de la preocupación de defender espacios personales, ayuda a redimensionar la pretensión de considerar “mío” cuanto es don a compartir, que pertenece a todos. Camino de conversión difícil hoy; una provocación, una alternativa evangélica al individualismo.

La opción de la no-posesión, además de liberar de miedos de expropiación, permite superar la tentación de sentirse “propietarios” en lugar de “administradores”. Una óptica semejante sostiene el compromiso de la laboriosidad asidua y responsable de quien sabe que es colaborador/colaboradora en el completarse de la creación. Nuestra Regla de vida nos indica un camino a recorrer cuando invita a “someternos con generosidad a la ley común del trabajo”, para dar una aportación al bien común, poniendo a disposición lo que se es.  También esto es “signo de amor”; puede calificar nuestra identidad y caracterizar el rostro de nuestras comunidades, cada vez más interculturales.
Una opción enraizada en los orígenes del Instituto.  En Valdocco, en Mornese “no es la persona individual la que educa, sino la comunidad con la riqueza de los dones aportados por cada uno de los miembros, con la integración
y la armonización de las diferencias”. Éste es el criterio que – en la línea de los recientes documentos – guía nuestros caminos hoy para “unir las fuerzas y coordinar las iniciativas”.

La actitud de no-posesión constituye también un entrenamiento para vivir de forma serena la soledad, que toca cada vida humana y puede ser “creativa, fecunda, abierta a las relaciones”, porque “soledad y sociabilidad no son dos realidades opuestas e incompatibles, sino complementarias.

Muchos son los testimonios de la no-posesión, dentro y fuera de nuestras comunidades.  Como María Adela y Elio que afirman convencidos: “Si nosotros logramos (y sabemos cuán difícil es) vaciarnos de nosotros y de nuestro ego, ponernos a disposición y dejamos que la vida se deslice en nosotros como en un vaso siempre abierto a acoger el agua pura que cada día se nos ofrece…, entonces nos racemo capaces de hacer cosas que no imaginábamos poder hacer, porque es la Vida la que se desliza a través de nosotros y fecunda el mundo”.

gteruggi@cgfma.org

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