Rivista DMA

¿Qué puedo hacer?

¿Qué puedo hacer? La noche de Navidad de 2008 el Cardenal de Milán, durante la homilía de la Misa, se preguntó: ¿Qué puedo hacer en este tiempo marcado por los primeros embates de una grave crisis económica? Su respuesta: constituir, para las familias de los desocupados, un Fondo social. Y no sólo esto. Hablamos de ello en la sección Encuentros del presente número de la Revista.

También para nosotras, hoy, dentro de una crisis que no alude a atenuarse, valen algunas orientaciones para la praxis de lo cotidiano: reflexionar juntas, también como comunidad, sobre las consecuencias de la crisis económica. Prestar atención a quien está en dificultad en nuestro territorio, sobre todo a las familias. Adherirse, inventar iniciativas concretas de solidaridad con la gente que sufre más la crisis. Movernos para hacer de forma que quien pierde el trabajo no pierda también la dignidad. Son caminos que se pueden recorrer para perseguir el “bien común”.

Bien común es también superar los localismos o una visión cerrada sobre la propia cultura, para confrontarse con los valores y los límites de otras culturas. Y es sobre todo en la emergencia - hace notar la sección Mujeres en contexto – que estalla la solidaridad, la búsqueda del bien para quien está privado de él. Sin exclusión de personas. Y, en esto, artistas particularmente hábiles son precisamente las mujeres.

Benedicto XVI en la Encíclica Caritas in veritate ha recalcado que todos los problemas del presente, comprendidos los económicos planetarios, dependen de una carencia de pensamiento: “Pablo VI vio con claridad que una de las causas del subdesarrollo es una falta de sabiduría, de reflexión, de pensamiento capaz de elaborar una síntesis orientadora” (nº 31).

Se dan pasos en esta dirección. En 2001 surgió la Universidad del Bien Común, un proyecto educativo internacional elaborado por profesores y expertos comprometidos en la promoción de alternativas a la mercantilización del “conocimiento y de la educación”. El proyecto parte del principio que el “conocimiento” es un patrimonio de la humanidad, que forma parte de los “bienes comunes”. Entre las Facultades, está la de la Alteridad, que tiene por objeto la consideración del otro, del distinto visto no como enemigo, opuesto, inferior, sino como riqueza de posibilidades, colaboración e interacción entre puntos de vista distintos. La Facultad de la Creatividad, cuyo punto de partida conceptual es que la imaginación no tiene fronteras, sino la representada por el respeto de la dignidad humana. La Facultad de la Universalidad, para promover un conocimiento abierto de la condición humana y de la vida.

¿Utopías? ¿Sueños? Quizás. Pero ¿cómo construir el futuro sin la “fantasía de la caridad”?

gteruggi@cgfma.org

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