Rivista DMA

Quien ama…

Quien ama … La opción de vivir la espiritualidad de comunión, prioritaria desde el CG XXI, encuentra continuidad en el tema del amor, del que estamos llamadas a ser signo y expresión, y que señala los caminos personales y comunitarios de estos años. “El amor crece a través del amor”, advierte Benedicto XVI. Por eso es necesario expresarlo en los gestos cotidianos, que son los signos que verdaderamente entiende la gente. Un signo que convence es el estar juntos con el estilo del “cenáculo abierto”, de la casa acogedora, espacio para crecer en humanidad, lugar donde activar un proceso de continua conversión al amor.
Este número de la Revista vuelve a recalcar que lo más grande de todo es el amor. Desde el dossier a las varias secciones, se declina la realidad del amor trazando alguno de sus componentes, casi como para completar en la actualidad aquel Himno de la caridad del que el Apóstol Pablo ofreció las frases fundamentales en la Carta a los cristianos de Corinto.
Quien ama cultiva la esperanza que resiste a las desilusiones, a las dificultades, a los fallos. Con una capacidad de resiliencia que no es sólo habilidad para resistir lo que es adverso, sino actitud confiada respecto a la vida y a la historia.
Quien ama busca la unidad y no tolera divisiones. A menudo son los pequeños los que nos lo recuerdan, como Fátima, una niña de
11 años cuando escribe: “En la ciudad donde vivo hay personas que vienen de todas partes… Yo quisiera un mundo donde cada cual pueda vivir con sus principios, respetando a los demás, un mundo en el que los pobres desaparecieran”.
Quien ama elige la solidaridad. También como Instituto, se insiste mucho hoy en las opciones de economía solidaria, donde en el centro no hay la preocupación de lo útil o del provecho, sino la persona, la vida en abundancia para todos, la vida según el Evangelio.
Quien ama vive la misión como servicio. En este número del DMA se habla de ello sobre todo en relación a quien tiene un mandato de autoridad, llamada en primer lugar a pro mover la dignidad de la persona con la estima, con la confianza, con la caridad.
Quien ama sabe escuchar. La escucha es una habilidad preciosa; permite ponerse en la piel del otro, pone en actitud de acogida sin prejuicios, privilegia la disponibilidad. La escucha es una dimensión del corazón.
Quien ama realiza una buena comunicación, aún a través de las antiguas y nuevas tecnologías, que pueden ser instrumento de “nuevas relaciones y promover una cultura de respeto, de diálogo, de amistad” (Mensaje JM Comunicaciones Sociales 2009).

gteruggi@cgfma.org

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