Rivista DMA

Crecer en reciprocidad

“Desde que decidí pensar y actuar pasando del yo al nosotros, descubrí qué significa ser libre y feliz”, me confiaba una Hermana después de un periodo de inquietud. Había salido de él cogiendo el buen camino. Es este un reto cotidiano que a menudo nos toca afrontar, en la vida personal y en la realidad comunitaria. Probablemente es el recorrido preferencial para realizarnos como mujeres consagradas que viven juntas.

En este número, la Revista propone el tema de la comunidad educativa, que ha marcado los orígenes del Instituto. Estamos atraídas por la fisonomía de la comunidad de Mornese y por la larga tradición de corresponsabilidad y de reciprocidad con los seglares en la misión educativa. Hoy, como en el pasado, se viven auténticas experiencias de caminos juntos, en los que el implicar y hacer percibir que la aportación de cada cual es estratégica e irrenunciable para el buen éxito del proyecto educativo.

En el barrio de Trastévere, uno de los más pobres de Roma, a inicios del 1900 una pequeña comunidad de mujeres contagió a todo el barrio y se convirtió en señal creíble de la ternura de Dios para las jóvenes menos aventajadas. Trabajando juntos, Hermanas y seglares. Con ellas, una Hermana joven que supo hacer del don compartido para la vida de las muchachas pobres un estilo habitual: S. Teresa Valsé Pantellini, de la que este año celebramos el centenario de la muerte.

La carta de convocatoria del Capítulo General XXII ayuda a reflexionar sobre uno de los presupuestos para construir la comunidad educativa; la superación de la autoreferencia, la conversión continua para entrar en la óptica del “Nosotros que supera nuestras divisiones y nos convierte en una cosa sola, hasta que, al final, Dios sea todo en todos” (Deus caritas est, 18).

Formarse y trabajar juntas – FMA, laicos/as, jóvenes y familias – es el mejor camino a recorrer hoy para revitalizar las comunidades. Todas las comunidades, también aquellas donde no hay obras apostólicas. En efecto, no se trata de una estructura cuanto de una mentalidad que favorece experiencias de corresponsabilidad y de convergencia hacia un proyecto compartido.

En una conversación con las veintiuna Neoinspectoras reunidas en Castelgandolfo en el mes de julio, la Madre delineó algunas actitudes para realizar este proceso de reciprocidad. Crear un ambiente de familia, donde la presencia de María, madre y maestra de comunión, ayuda a promover auténticas relaciones interpersonales, según el Sistema Preventivo.
Aceptar compartir lo problemático de los jóvenes y de la gente, partir juntos desde la incertidumbre, y orientar con discreción ayudándoles a liberar su libertad.
Vivir juntos la alegría y la fatiga del camino sin injustas presiones, pero también sin abandonar la utopía.
Ofrecer el testimonio de relaciones significativas vividas entre nosotros y con los seglares. Testimoniar la gratuidad en la relación, ser personas de comunión son un regalo grande para los jóvenes.

Un itinerario valioso para cada FMA.

gteruggi@cgfma.org

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