Rivista DMA

La persona, el número uno entre las prioridades

Hacer concesiones es la estrategia de quien es consciente de que posee valores que puede incrementar y ampliar de forma exponencial. Nosotros, que tenemos como consigna un carisma educativo, dispensamos energías, tiempo, recursos en una dirección precisa: los jóvenes. No importa si estamos siempre en medio de ellos, o si nos dedicamos a otros servicios, o si estamos imposibilitadas para estar en el patio, en un aula o en un grupo juvenil. Concedemos a los jóvenes nuestra misma existencia como educadoras salesianas. Hacemos de todo para “hacerles felices en el tiempo y en la eternidad”, como nos ha enseñado Don Bosco.

Creemos en los jóvenes, nos comprometemos a conocerles y a entenderles en sus expresiones y en su contexto. Pero consideramos a la joven, al joven ante todo como persona; porque creemos que son muchas las cosas importantes en la vida, pero la persona es el número uno entre las prioridades. La pedagogía del uno por uno sigue fascinándonos y marcando nuestro compromiso educativo. A nosotros nos basta que “sean jóvenes” para amarles y para ponernos de su parte.

De Don Bosco y de María Dominica Mazzarello hemos aprendido el lenguaje simbólico que dice nuestra forma de estar al lado y con los jóvenes. Hablamos de jardinero para connotar el cuidado especial, para expresar la competencia, la sabiduría, la mirada atenta a su crecimiento y a su futuro. Y de navegante, porque a menudo los jóvenes dan importancia al recorrido más que a la experiencia en sí misma y nuestra tarea sobre todo es la de “enseñar a navegar, suministrar mapas para orientarse en la opción de la ruta”.

El arte del acompañamiento sintetiza bien las dos imágenes; ésta es una responsabilidad fundamental para cada educadora salesiana. Hoy más que en otros tiempos. La actitud que permite hacer concesiones no en quiebra es la de ponerse al lado de los jóvenes con una gran confianza y una dilatada capacidad de espera y de paciencia. Cada joven es un valor único al que podemos decir: Tú vales mucho. Te aprecio por lo que eres; con los dones que están en ti; con tus cualidades y dotes, y también en lo que no tienes, en lo que puedes convertirte, poco a poco descubres el plan de Dios sobre ti y gustas la certeza de ser valioso, amado y custodiado.

Frère Roger escribía: “En Taizé, ciertas noches de verano, bajo un cielo lleno de estrellas, desde nuestras ventanas abiertas oímos a los jóvenes. Éstos buscan, rezan. Y nosotros nos decimos: sus aspiraciones a la paz y a la confianza son como estas estrellas, pequeñas luces en la noche. Por esto, por mi parte, iría hasta las confines del mundo, si pudiera, para decir y repetir mi confianza en las jóvenes generaciones”.
Como educadoras salesianas no podemos ¡sino suscribir!

gteruggi@cgfma.org

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