Rivista DMA

Hablar a Dios de tú

Hablar a Dios de tú Henri Matisse, gran pintor francés, escribía a una amiga: “Yo ahora voy como todas las mañanas, a hacer mi oración, con el lápiz en la mano, delante de un granado cubierto de flores en los distintos grados de florescencia y atisbo su transformación, … compenetrado de admiración. ¿No es ésta una forma de rezar? En aquel momento es Dios el que conduce mi mano en el dibujo”. Descubrimiento del misterio de Dios en el milagro de la naturaleza, en un artista que, aparentemente lejos de la fe, entendió cuán impregnada de vida está la oración y cuánto cada experiencia puede convertirse en oración.

Para nuestros Fundadores: oración-vida, oración-trabajo fueron la trama con la que tejieron cada una de sus jornadas, sostenidos por los espacios personales y comunitarios dedicados al encuentro vivo con el Señor, “con María y como María, para intensificar la comunión” con Él y con los demás. El vivir en la presencia de Dios era para Don Bosco el primer paso de la oración y el punto de llegada de una existencia que se desarrollaba en profunda intimidad con Dios. Para María Dominica Mazzarello la oración entraba en el corazón de cada vicisitud cotidiana y su estilo era estar con Dios continuamente: “¡Hagamos de cada puntada un acto de amor de Dios!” En nuestros Fundadores es evidente la referencia a Francisco de Sales y a Teresa de Jesús para la que la oración es una “relación de amistad: un encontrarse frecuentemente ¡con el que nos ama!” Recientemente lo ha subrayado el Papa Benedicto XVI, en la visita a la Parroquia de Roma Santa María Consoladora: “Dios no está lejos de nosotros, desconocido, enigmático, quizás peligroso. Dios está cerca de nosotros, tan cerca que… nosotros podemos hablarle de ‘tú’ a este Dios”.

Un estilo de relación que ha entrado en la vida de generaciones de FMA. Y también de tantas/os jóvenes que han respirado el clima salesiano. Nos quedamos pensativas ante el testimonio de Laura Vicuña, que a los 13 años afirmaba con convicción: “Para mí rezar y trabajar es lo mismo; es lo mismo rezar o jugar, rezar o dormir. Haciendo lo que mandan, cumplo lo que Dios quiere que yo haga, y es esto lo que yo quiero hacer; ésta es mi mejor oración. Me parece que Dios mismo mantiene vivo en mí el recuerdo de su presencia”. La oración alimenta y sostiene nuestro vivir juntas y nuestra misión entre los jóvenes; cuanto más nos convertimos en personas de oración, se lee en el Proyecto Formativo, más somos capaces de responsabilidad y de apertura al otro. La oración es la respiración de la persona y abraza todo lo que forma parte de la vida humana. “Orar es fuente de alegría y de esperanza, expresión de libertad y de amor” (Líneas 91). Por eso estamos convencidas de que la oración es el alma de la misión.

Giuseppina Teruggi

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