Rivista DMA

Tiempo de clara identidad

Tiempo de clara identidad Uno de los textos más a la vista, en estos primeros meses del año, en nuestros ambientes de encuentro comunitario, de oración, de trabajo, es ciertamente la Encíclica Deus caritas est de Benedicto XVI. Un mensaje esperado, por el que advertimos alegría y gratitud.
Muchos son los comentarios de la prensa internacional. En general positivos. Éste el título que apareció en The Times : “El Papa Benedicto pone el cuerpo y el alma en una declaración de amor”. Para Le Figaro el Papa “relanza la acción de la Iglesia en el mundo, poniendo en el centro la caridad y el amor”. El New York Times ha hablado de una “erudita meditación sobre el amor y la caridad por parte del Papa”.
En una entrevista publicada en el diario Famiglia cristiana a finales de enero, Mons. Angelo Amato afirma: “He leído en los diarios que no se trata de una Encíclica programática. Pues bien, disiento. En realidad, el Papa, con este tema entra en el programa central del Cristianismo. El Cristianismo es la religión de la caridad, no tanto de la ley (…). Benedicto XVI explica el núcleo esencial del Cristianismo”.
En la Encíclica es evidente la nueva entrega de una reflexión sustancial sobre la identidad de Dios y sobre la misión confiada a los creyentes. “ La Iglesia participa apasionadamente en la batalla por la justicia”, ha escrito el Papa en una presentación suya de la misma Encíclica. ”Pero la justicia no puede nunca hacer superfluo el amor. En nuestro mundo, a menudo tan oscuro, con este amor brilla la luz de Dios”.
Nosotras, FMA, somos instadas, hoy más que nunca, a expresar de forma nítida la identidad de mujeres que saben encarnar en lo cotidiano el rostro de Dios amor. El compromiso de profundización de nuestra Regla de vida encuentra hoy en la Encíclica una de las fuentes más autorizadas para sostener los caminos en acto.
Nos sentimos animadas a revitalizar nuestra experiencia espiritual para ser epifanía del amor de Dios en el mundo y mostrar “las huellas concretas que la Trinidad deja en la historia”, como sugiere la exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata.
Éste es el sueño de Don Bosco para nosotras. Cuanto dejó en su testamento espiritual, donde nos indicó el camino del amor. El mismo camino de santidad recorrido por María Dominica y por las Hermanas de Mornese.
Se narra que cuando abba Isaac estaba a punto de morir se reunieron a su alrededor los ancianos y decían: “¿Qué haremos después de ti, padre?”. Pero él respondió. “Mirad de qué manera he caminado delante de vosotros, si queréis también vosotros seguir y custodiar los mandamientos de Dios, él enviará su gracia y custodiará este lugar. Si en cambio no los custodiáis no os quedéis en este lugar. En efecto, también nosotros estábamos tristes cuando nuestros padres estaban a punto de morir, pero custodiando los mandamientos del Señor y sus amonestaciones, pudimos quedarnos y vivir aquí, como si ellos estuvieran todavía en medio nuestro. Haced así también vosotros y seréis salvados”.
Don Bosco, María Dominica nos sugieren este mismo camino. Con el compromiso de ofrecer, sobre todo a los jóvenes, el testimonio de mujeres que saben suscitar la “fascinación y la nostalgia de la belleza divina”.
Giuseppina Teruggi

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