Provincia “Santísimo Salvador” CAM
“Casa Auxiliadora Inmaculada”
Comunidad del aspirantado y postulantado
Reflexión personal y comunitaria en preparación a la Fiesta del Gracias de la Madre
Tegucigalpa, Honduras.
Abril 2013

La semilla de la fe sembrada en el terreno personal. En comunidad cada una de las Hermanas se expresa, haciendo referencia y evocando su historia familiar, la infancia y se llega a la conclusión de que cada una, ha recibido el don de nacer y crecer en una familia de sólidas raíces cristianas. En este ambiente familiar se ha recibido el don de la fe con el Bautismo y luego este don se ha cultivado y alimentado con una vida sencilla de piedad y de fe. Se recuerda con gratitud y afecto a algún miembro de la familia que colaboró de manera más significativa en este proceso, así pudo haber sido la abuela, una tía y sobre todo la mamá, quien supo cultivar el don de la fe en nuestros corazones. Y hoy esta fe nos ha llevado al seguimiento de Jesús, como FMA.

¿Cuáles retos enfrentamos para vivir la fe en la comunidad y en la misión? Se constata que, en comunidad más bien el clima y la estructura como Casa de Formación, pone a nuestro alcance múltiples oportunidades y espacios para nutrir nuestra fe. Más bien el desafío es asumir la responsabilidad en primera persona para ir purificando y haciendo más auténtica nuestra fe. El reto –como comunidad de formación- nos compromete a ser FMA, personas de fe, oración y discernimiento para poder acompañar el proceso vocacional de cada una de las aspirantes y postulantes. Además tenemos la oportunidad de trabajar cada domingo con una población estudiantil de escasos recursos y que viven en situación de riesgo social, por tanto también a ellos anunciamos la fe con el testimonio de un servicio educativo hecho con paciencia, alegría y bondad.

¿Cómo vivir la fe de cara a los nuevos caminos de la evangelización? Somos conscientes de que estamos llamadas a dar razón de nuestra fe, primero a las jóvenes en formación, para que luego ellas puedan ser profetas de vida y esperanza, en una región como la nuestra de Guatemala, Honduras y El Salvador, que se ve envuelta en una ola de violencia y de muerte. Además nos formamos juntas para asumir el desafío de una generación juvenil que cada vez desplaza más a Dios de su vida y actúa de manera indiferente a los valores evangélicos. Anima nuestra esperanza, también, el saber que en el fondo todos los y las jóvenes llevan dentro un ansia de Dios.

Con afecto filial y agradecimiento a la Madre:

Sor Amanda Alvarado, Sor Concepción Melgar, Sor Albertina Mejía, Sor Meli Melgar, Sor Marta Soto y Sor Ana Leonor Cifuentes R.