Para preparar la Fiesta del Gracias

Juntos en la fe hacia la plenitud de la vida

Reflexionar y compartir los siguientes puntos:

• Ayer: La semilla de la fe sembrada hace tiempo en tu terreno
La vivencia familiar, el ejemplo de los padres, en algunos casos más las mamás, en otros más los papás, también la influencia de los abuelos que daban fundamento a la fe o pedían hacer de la oración el centro de la vida familiar, aunque se estuviera lejos de algún centro religioso.
El entorno social respetuoso hacia Dios, a los Santos y a sus vidas con el rezo cotidiano, de novenas, procesiones, el Rosario, las bendiciones de la casa, de la mesa.
La participación en la Parroquia, vivir a pleno las festividades religiosas, los sacramentos, los encuentros y la formación en grupos juveniles, propuestas de oración, misioneras y de catequesis.
La formación escolar, el testimonio de muchas Hermanas (HMA) que acompañaban día a día nuestro camino en la fe desde pequeñas, la preparación a la Primera Comunión como momento fuerte de entrega de la vida a Jesús, la Confesión, la escucha de la Palabra de Dios, en algunos casos la Eucaristía diaria, el llegar a ser catequista o a compartir la propia vivencia de fe con otros jóvenes o niños, aprendiendo juntos.
El despertar vocacional vivido como experiencia de fe nacida desde dentro como don de Dios que se fue despertando en forma frágil, humilde, con dudas, búsquedas, interrogantes, pero creciendo sencillamente y abierto a opciones vitales que en algunos casos se concretizaron en Vida Consagrada como HMA y en otros como laicas/os comprometidas/os con la vida cristiana en la propia Parroquia, en el Colegio en servicios de animación y conducción.
• Hoy: Los retos que encuentras para vivir la fe tanto en comunidad como en la misión
- El desafío de la apertura de corazón abierto y humilde que reconozca la presencia de Dios en los hechos y en los hermanos, en medio de una realidad que muchas veces la ensombrece o hace muy superficial.
- Un mundo que por una parte busca vivir sin sufrimientos, con el gozo momentáneo como único objetivo, que mira a Dios como alguien distante y lejano de la realidad de cada persona, y por otra es cada vez más oscuro y violento, donde el hombre es enemigo del hombre y donde toda persona puede ser obstáculo, donde la común es usado desde el propio interés y es muy difícil abrir al compromiso.
- La necesidad de ser testigo de la fe y de contar con ejemplos de fe que animen a vivirla.
- La materialización de los espacios y de las personas, todo pasa por lo económico y eso dificulta llegar al propio corazón y al de los otros, se vive en el cuestionamiento permanente y en la no escucha.
- Lo burocrático de la vida “tapa”, “nubla”, “dificulta”, la experiencia de hija/o-hermana/o en la “construcción juntos” del Reino en lo cotidiano de la vivencia escolar.
- Los pocos espacios vitales de encuentros serenos para detenernos, profundizar en contenidos de fe, en la escucha de la Palabra y de las propias experiencias.
- La poca coherencia entre lo que decimos y lo que vivimos.
- El aceleramiento, el activismo, vivir siempre apurados respondiendo a urgencias, cuesta parar para estar más con el Señor y con los hermanos.
- Una fe solo basada en lo doctrinal que pretende explicar todo desde lo ya sabido, desde la razón, que busca imponerse desde ese único lugar. Cuesta pasar del mundo de las ideas “sobre Dios” a una fe comprometida y dialogante con la vida de los demás, en especial de los jóvenes con propuestas de sentido y salvación, en sus lenguajes y expresiones.
- Desaprender conceptos de fe, de Dios que hicieron daño en la historia personal y eclesial, que siguen conviviendo en el hoy y que llevan a considerarlo como un juez que está para castigar, condenar y que cierra las puertas a quienes no cumplen con las prescripciones establecidas.
- Más conciencia de ser discípulos testimoniales, coherentes, con la creencia que atesoramos.

• Mañana: Los Nuevos Caminos de Evangelización
Ambientes donde gozar con los jóvenes, sus alegrías, sus sueños, esperanzas, donde experimenten la dicha de vivir acompañados por educadores que muestran con su vida a un Dios que ama, salva, es amigo y está siempre cerca de sus realidades.
Comunidades que pueden conjugar lo estructural de las formas con la fuerza vital de la fe de educadores que viven la presencia de Dios desde dentro y la hacen efectiva en sus gestos y en sus proposiciones.
Jóvenes que experimentan la presencia de Dios, viva y actuante en su propio corazón y lo expresan con sus maneras de ser, con sus lenguajes y son testigos en medio de los otros jóvenes.
Comunidades que contagian el don de la amistad con el Dios que unifica el corazón y lo abre a los demás, de las que mirándolas se puede decir: “miren cómo se aman”.
Espacios virtuales junto a los jóvenes encontrándose con ellos en sus nuevas formas de relacionarse y comunicarse, dándoles profundidad y siendo espacios de escucha.
Experiencia de vínculos sanos y profundos entre las personas, reconociendo al “otro” como mi “hermano”, cualquiera sea su circunstancia de vida.
Lugares de escucha y acompañamiento desde la misericordia que recrea, alimenta la esperanza y la solidaridad, fundamentados en la Palabra hecha carne.
Comunidades, espacios de comunión y participación, verdadera experiencia eclesial, que dan impulso a la Dimensión Social de la fe, siendo presencia donde los jóvenes más sufren o donde la vida está más amenazada.

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Comunidad de Santa Rosa – La Pampa- Argentina- Inspectoría Nuestra Señora del Santo Rosario. ARO

En la celebración de la fiesta del GRACIAS a la Madre Ivonne, en forma personal y comunitaria reflexionamos y compartimos lo siguiente en comunión y como ofrenda:
1.- AYER: Reconocemos como primera semilla en el terreno de la propia vida, el ámbito familiar: padres, abuelos, tíos, Párrocos. – La catequesis recibida en preparación a la vida sacramental. Lectura de vida de los Santos y de la historia sagrada. La vida de familia, en general, era una catequesis prolongada, que potenció y fortaleció la fe, al ser nosotras, luego, catequistas.
2.- HOY: El don de la fe recibida, hoy genera gratitud. Nos ayuda a afrontar los desafíos de nuestros contextos, tanto en la comunidad como en la misión. – La indiferencia de adultos y jóvenes: falta libertad y coraje en la expresión de la fe; condicionamientos, faltan canales de expresión de la fe, en los jóvenes.- Materialismo, racionalismo. Ausencia de familias catequistas. Los medios que confunden la dimensión del ser creyente, con la diversidad de religiosidad y los “falsos profetas” – Incoherencias en el decir y en el obrar. Perdemos de vista la opción que hicimos por Jesús y su evangelio, por eso seguimos buscando la formación. Asiduidad en la lectura, escucha y obediencia a la Palabra de Dios, en el día a día. La fe que se nutre de la certeza del llamado, la fuerza transformadora de la Palabra y de la Eucaristía. El compartir y celebrar la fe en la comunidad.
3.- MAÑANA: Los nuevos caminos de evangelización para testimoniar, irradiar y contagiar la fe, identificamos como significativo: La disponibilidad a los cambios que nos pide la Iglesia, el Instituto, la comunidad y su contexto. Cuidar la dimensión mística de nuestras vidas. Ser seguidoras y testigos de un Jesús Resucitado. Vivir con alegría y con actitud positiva frente a la vida; acompañar los procesos de fe de forma personalizada. Profundizar las Constituciones y el Evangelio que nos ayudan a un compromiso mayor en la misión. Creer que con la vida se evangeliza, unida a gestos y palabras, manifestando un Dios Padre cercano, compasivo y misericordioso.
Un gran saludo y con cariño, en comunión, las Hermanas de la Comunidad de Santa Rosa La Pampa - Argentina

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Agradecidas por esta propuesta que nos dio la oportunidad de compartir nuestras experiencias y caminos de fe, se las ofrecemos con cariño a Madre Ivonne:

AYER:    
        Constatamos que el Señor sembró en nosotras la semilla de la fe de modo providencial y en distintos momentos de nuestra infancia, incluso desde el vientre materno, en familias  de fe y de oración. Fe bebida casi sin darnos cuenta. Vida de piedad y oración que fue haciendo su obra  en nuestro corazón.  Una fe simple y cotidiana,”de entre casa.
          Fe compartida con los vecinos, que se traducía en solidaridad, compartiendo el tiempo y los recursos, según necesidad. Honestidad, respeto, conciencia de la trascendencia, de lo sagrado, de Alguien más grande...
 Dios fue preparando la tierra para que creciera la semilla de la fe.
         Las catequistas, con sus muchos y pequeños gestos, en la preparación para los sacramentos de la Reconciliación, Eucaristía, Confirmación...
         Los tiempos litúrgicos, que no pasaban desapercibidos como presencia especial de Dios. Viernes Santo, Domingo de Pascua.... La preparación del Pesebre...
         La llegada al Colegio María Auxiliadora, en distintas etapas de la vida, donde nos sentimos acogidas y  María y Jesús nos esperaban.  Como adolescentes, en los encuentros, grupos de compromiso, oratorio, Exploradoras... Retiros, jornadas, palabras oportunas de las Hermanas presentes en el patio, que ayudaron para que nuestra fe fuera creciendo y madurando...  Fe unida a la Auxiliadora y al servicio en un ambiente propicio para que nazca y se consolide nuestra opción de vida  salesiana.
         Haciendo memoria del ayer, tomamos conciencia de cómo Dios se fue valiendo de tantos medios para custodiar y propiciar nuestra fe.

HOY:
         Al estar en una Comunidad de inserción, constatamos muchas veces la impotencia ante la pobreza, la situación de injusticia y exclusión de la gente, tanto dolor y muerte en esta realidad... nos estimula a hacer consciente nuestras propias pobrezas y fragilidades,  a buscar en la oración, el encuentro cotidiano con la Palabra, la Eucaristía ... el modo de sostenernos mutuamente en la fe, salir de nosotras mismas  e ir al encuentro, desde el servicio y la misión que Dios nos confía personal y comunitariamente.
         Los encuentros de religiosas y religiosos del Noreste Argentino, con los que vamos caminando en el discernimiento del paso salvador de Dios en medio de su pueblo y nuestro modo de estar y acompañar la fe.
         Las experiencias de crisis, el pecado y el propio límite, la fragilidad de los vínculos en lo personal y comunitario, que hacen sufrir y nos posibilitan buscar lo esencial. Madurar en la vida religiosa, ir superando heridas, confiar la propia vida a otros, seguir creyendo en las personas y la posibilidad de cambio de uno y de los demás.
         El desafío de cada día es aprender que a Dios es a  quien le pertenece la vida, la historia y no olvidarnos que sólo Él es el dueño; que nosotras no podemos todo...

MAÑANA: Los nuevos caminos de evangelización...
         Una casa donde construyamos entre todas un ambiente saludable. Comunidades  felices ante la vida. Seguir apostando por más vida a todo nivel. Con proyectos solidarios compartidos con otros; sintiéndonos parte de una humanidad que asume las diferencias culturales.  Creadoras de comunión.
         El seguir superando los propios límites para estar más disponibles, con fraterna gratuidad, para la misión.
         El acompañamiento a las familias. Más valentía para asumir los nuevos espacios juveniles y sus necesidades.
          Caminos que reconozcan la pluralidad y la personalización; asumiendo la provisoriedad, a la escucha de lo que ya hay. Reconociendo la vida y la fe que ya está en medio del pueblo.
         Caminos de sencillez, que no se pierdan en la sola creatividad. (No pensar los “cómo” antes que los “qué”). Imagen del primer anuncio del Evangelio nacido de la experiencia personal, vital con el Señor.
         Corazones de evangelizadores, evangelizados...
         Caminos de pequeños grupos de fe, no de las masas, donde los números no son importantes. Con el ritmo de lo que crece de a poco. Camino de testigos.
         Propiciar el encuentro con Jesús. Fe que pueda apoyar y sostener la vida y dar razones y motivos para vivir y mirar con esperanza el futuro.
         Cuidar la vida en todas las manifestaciones. Cuidado y cultivo de los vínculos. Lo frágil, la vida, alzar del barro.
         Acompañamiento: ejercitarnos en la capacidad de escucha.  Tiempos gratuitos para estar y dialogar, cuidar los vínculos.

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ARO - Comunidad Casa Inspectorial “Madre Mazzarello”
Córdoba - Argentina

GRATITUD MUNDIAL 2013

“Juntas en la fe hacia la plenitud de vida”

AYER

La fe fue sembrada desde el seno materno, en el clima sencillo de fe de la familia, en la vida de oratorio y también en el colegio, en la inserción en la iglesia y en el grupo juvenil.
Nuestros padres exalumnos salesianos infundieron la fe y el amor a María Auxiliadora, compartieron el oratorio dominical donde se nos inculcaba el amor a la Virgen, las prácticas de piedad de acuerdo a nuestra edad, en el colegio aprendimos a relacionarnos con Jesús a través del ejercicio de la meditación
También nos ha favorecido el ambiente familiar impregnado de valores como la honestidad, el trabajo, la sencillez y la solidaridad. El testimonio de familiares fuertes en la fe. La formación en colegios salesianos favoreció el crecimiento en la fe.
Nuestra herencia en la fe se inserta en una patria chica y en la patria grande de América Latina donde los primeros evangelizadores sembraron la semilla de la fe que esparcieron y que quedó arraigada en nuestro pueblo y que todavía reverdece. Recibimos de la audacia, el arrojo y la pasión por el Reino de los misioneros que marcaron nuestra tierra con la vida de fe.
Esto hizo que nos pareciera natural crecer en un ambiente de fe en la familia y entre vecinos, heredando actitudes de ayuda mutua, de piedad, aún con nuestros educadores del colegio, recibiendo de manera cercana la presencia de Dios que entonaba la vida de cada día.
Hemos mamado este clima de fe en la familia inserta en una tierra muy devota de la Virgen que nos lleva a Jesús, nos reanimaron las misiones diocesanas, las expresiones de fe en nuestras parroquias, en el oratorio. La familia sabía traducir esto en lenguaje sencillo y también desde la naturaleza y con gratitud por la vida.

HOY

Tenemos tantas riquezas, tantos bienes, tantos signos de la presencia de Dios en la comunidad (sacramentos, Palabra de Dios, lecturas, signos, vocación compartida) pero a veces no nos damos cuenta, no valoramos, no nos dejamos sorprender por estos signos.
Vivimos muy encerradas en nosotras mismas, nos pueden nuestros miedos, las debilidades, los límites. Nos sofocan y no nos deja abrirnos y ver esta realidad. Y en vez de la fe, no nos fiamos del Señor que todo lo puede desde lo pequeño, y caemos en desesperanza, en desánimo.
Nos cuesta personal, comunitaria y socialmente, vivir nuestra fe. Caemos en la misma actitud de descreimiento que vemos en nuestro entorno.
Estamos desafiadas a creer aún cuando no se ve, cuando no hay fuerzas, cuando estamos limitadas o enfermas, cuando no logramos lo que queremos, cuando no vemos nuestros sueños cumplidos.
También nos desafía la alegría de la fe que surge de Jesús que camina con nosotras: ¿qué experiencia alegre de fe tenemos y compartimos?
Sentimos que necesitamos crecer en la fe sostenida por la relación profunda con Jesús que revitalice nuestros vínculos, que incida en la vida (que nos lleve a detenernos, a escuchar, a responder bien, a pedir perdón).
Necesitamos pedir el don de la fe, fortalecerla, para compartir una mirada positiva y esperanzada en nuestras conversaciones, venciendo el pesimismo reinante para una vida más luminosa y gozosa.

MAÑANA

Compartir nuestra experiencia de fe, plantearnos cómo ayudarnos para alimentar nuestra fe.
Abrir espacios para crecer en la confianza mutuas y en el optimismo.
Privilegiar los gestos, en coherencia con nuestra vida profunda en Dios: misericordia, ternura, cuidado.
Nuestra vida religiosa, así como está, no dice nada significativo al mundo de hoy, necesitamos cambiar. Renunciar, morir a muchas cosas que nos estructuran y no dejan emerger la vida.
Reconocer por su nombre las estructuras que aprisionan la vida y proponer respuestas nuevas.
Dejarnos interpelar, modificar, arriesgarnos a ser libres.

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