Historia

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La visita canónica en nuestra tradición
En las Memorias Biográficas y en la Cronohistoria encontramos algunas consideraciones de Don Bosco y la práctica de Madre Mazzarello respecto a la visita a las casas que revelan el espíritu con la que ésta tendría que hacerse.

El pensamiento de Don Bosco
En las Memorias Biográficas se lee: “En toda ocasión brotaban del corazón y de la boca del Santo los más sabios avisos, singularmente en las audiencias privadas y en las conferencias que daba a los hermanos en sus frecuentes visitas a cada una de las casas”.
Sentía la necesidad de ver a sus hijos para alegrarles y animarles con su presencia. Su compromiso era “verlo todo, examinarlo todo y hablar familiarmente con todos, superiores y alumnos”.1

En 1876 Don Bosco dice a los directores: “Lo primero que deseo advertiros es esto. Dispongan los directores que, cuando yo voy a visitar las casas, pueda hablar con todos los miembros de las mismas, esto es, con todos los hermanos de nuestra Congregación: que no quede uno, con quien yo no pueda hablar. Facilíteseles el conversar con don Bosco, anúnciese previamente mi llegada y el deseo que tengo de hablar con todos (...) Mi fin principal en estas visitas es quitar la animosidad, que algunos pudieran tener con el Director. En estas circunstancias hablan conmigo de buena gana, descubren sinceramente su corazón y yo puedo arreglarlo todo en paz. El Director, por su parte, quitará las causas que puedan haber producido estos descontentos, y así quedará restablecido el orden de la caridad”. 2

Respecto a la visita a las casas, de los Inspectores y de los Superiores mayores Don Bosco recomendaba que se fuera siempre en nombre del Superior y que se llamara a los Hermanos a la observancia de las Reglas no en fuerza del Yo quiero sino en fuerza de las Reglas mismas. 3

Maccono describe cómo hacía Don Bosco: “A medida que las casas de los Salesianos se multiplicaban Don Bosco las visitaba para conocer, sobre todo, el buen espíritu que reinaba allí, para enterarse de las dificultades que sus hijos encontraban y para llevarles finalmente su palabra de consuelo y su consejo sabio y alentador. Lo mismo quería que Madre Mazzarello hiciese”.4

En la Cronohistoria leemos que, en el mes de marzo de 1877, Madre Mazzarello “ya ha comunicado a Don Bosco, por medio del director Don Costamagna, que Don Bonetti la ha invitado a hacer una auténtica visita a Borgo, pero que como ella ya estuvo allí de paso no le parece tener que pasar más tiempo donde las Hermanas tienen ya al director por padre y guía”. Sin embargo “Don Bosco la exhorta a ir y permanecer con ellas algún día. Cuando haya alguna fundación más, ella misma se persuadirá de que las casas de un Instituto van bien cuando el Superior tiene de vez en cuando la maleta en la mano como un representante. La Madre Superiora es ella, y conviene que vea cómo son tratadas sus hijas, si necesitan algo, si están contentas y si trabajan como el Señor quiere: sin perder tiempo, pero sin descuidar las prácticas de piedad y la salud; si el horario se acomoda, cuando es posible, al de ellas, etc. ‘Vaya, vaya, que Don Bonetti estará contento: y de este modo si también él tuviera alguna dificultad, o algún consejo que dar, o algún deseo, podrá exponérselo. El ir de acuerdo da siempre buenos resultados al alma y al cuerpo. Lléveles los saludos de Don Bosco y dígales a todas que las bendigo de corazón’.”5

La práctica de Madre Mazzarello
Madre Mazzarello entiende, a través de las sugerencias y el ejemplo de Don Bosco, que las visitas podrán favorecer la comunión entre las Hermanas y con las casas. Desde entonces como peregrina continuamente de viaje, busca hacer que nazcan y se consoliden comunidades donde se vive la caridad, comunidades en continuo estado de conversión, en las que el amor de Dios, percibido y cotidianamente alimentado, pueda ser fuerza regeneradora de vida fraterna y apostólica.
Sus visitas fueron vividas como tiempo de comunión, de encuentro y de alegría. Visitaba con amor y sabía percibir muchos pequeños gestos y muchas necesidades, y llegaba a cada una personalmente. Consideraba las visitas como una ocasión de comunicación directa con las Hermanas con las que no tenía contactos cotidianos.
Ella, la campesina que nunca habría salido de su pueblo, se pone en camino. Sus viajes son numerosos, aproximados, porque quiere estar en contacto directo lo más posible con la vida de sus hijas.
El estilo de las visitas reproduce el ambiente y las relaciones que se viven en Mornese. Escuchaba a todas las Hermanas con infinita paciencia y caridad, las confortaba en sus penas, y, aún respetando y sosteniendo la autoridad, daba razón a las Hermanas, cuando la tenían, y, prudentemente proveía a sus casos. En las visitas observaba todo, sin que nada se le escapara, y daba a las Hermanas aquellas amonestaciones que consideraba necesarias para conservar el espíritu religioso de la Congregación. Y aunque era poco culta, estaba sin embargo llena de la ciencia de los santos, daba sugerencias muy sabias y útiles.6
Consideraba cada visita como un signo del amor de Dios, un amor acogido, dado y vivido concretamente en las relaciones con cada Hermana, con las comunidades, y también fuera del ambiente comunitario.

1 Memorias Biográficas de San Juan Bosco, X, p.937.  Central Catequística Salesiana / Madrid
2 Ibídem, XII, p. 81
3 Cf. Ibídem, XVIII, p. 169.
4 Fernando MACCONO, Santa María D. Mazzarello, Cofundadora y Primera Superiora General de las Hijas de María Auxiliadora. Segundo Volumen, Instituto Hijas de María Auxiliadora, Madrid, p. 277.
5 Giselda CAPETTI, Cronohistoria 2, Instituto Hijas de María Auxiliadora, Ediciones Don Bosco, Barcelona, p. 209
6 Cf. Ibídem, p. 279-280 it.